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Abuso sexual infantil

 

 

 

Irene de la Cuesta

 

El abuso sexual infantil roba al menor la inocencia, el derecho a descubrir su propia sexualidad de manera sana y a vivir experiencias sexuales acorde a sus momento evolutivo tanto psicológico como físico. Pero esto no es un problema de la actualidad, es una violencia que se viene dando a lo largo de la historia en diferentes siglos, culturas y sociedades permaneciendo siempre en la oscuridad. De hecho, no hace muchos años que se tiene la conciencia actual de la magnitud de las consecuencias terribles que tiene sobre la víctima. Antes incluso se negaba su existencia, se miraba para otro lado o incluso se consideraba como parte de la sociedad (ej: Antigua Grecia).Pero poco a poco el secreto y el silencio se han ido rompiendo y las víctimas han comenzado a hablar.

El abuso sexual infantil tiene diferentes definiciones pero para el presente artículo vamos a utilizar la definición de Murillo (2020):

“El abuso sexual infantil es todo acto y proceso de actos, en que se expone a un niño, niña o adolescente en cualquier actividad sexualizada utilizando la asimetría de la autoridad, la confianza, la dependencia (afectiva, económica o social), el poder, la fuerza, el miedo, la cultura, la capacidad comprensiva, la necesidad u otras vulnerabilidades, manipulando, confundiendo, eliminando o viciando el consentimiento.

Estos actos pueden incluir, aunque pueden ser más de esta lista: tocamientos genitales, penetración oral, vaginal o anal, con pene, dedos u otros objetos; tocamientos de otras partes erógenas del cuerpo; incitación a tocar a otros, masturbación, voyerismo, exposición a situaciones sexuales, abusos, violaciones, exposición a pornografía, exposición o participación en material abusivo infantil.

También se incluyen todas las estrategias, acciones y tácticas de preparación de estos actos (grooming), como silenciamiento y desprestigio de la víctima y su entorno.”

Como puede apreciarse en la anterior definición, el abuso sexual infantil no consiste solo en la perpetración de un acto físico como mucha gente considera. El abuso sexual infantil va mucho más allá, supone toda intención que trata de explotar al menor con una intención sexual. Hay dos aspectos clave en las definiciones de abuso sexual infantil: la coerción y la asimetría de edad. La coerción hace referencia a la presión ejercida por el agresor a la víctima (puede ser con fuerza física, engaño o chantaje) y es considerado como un criterio suficiente para que la conducta sea etiquetada como abuso. La existencia de asimetría de edad supone que no exista la misma libertad de decisión ni madurez biológica, haciendo imposible que pueda considerarse como una actividad sexual en relación igualitaria, por lo que hay un ejercicio de poder. De esta forma, podemos considerar que cuando exista uno o ambos aspectos puede considerarse como una conducta abusiva. En esta definición de asimetría de edad no se especifica un rango, la razón es que deben tenerse en cuenta también los abusos y agresiones sexuales que se cometen entre menores. De hecho, según diferentes estudios realizados en distintos países, casi el 50% de los agresores sexuales cometieron su primer abuso sexual infantil antes de los 16 años (López, 2014).

Es importante tener claro el qué se considera abuso sexual infantil, pues muchas personas han sido víctimas, pero al no tratarse de una conducta muy explícita, se sienten confundidas y no se sienten con la legitimidad de considerarse víctimas de abuso sexual.

Aunque cada experiencia traumática impactará en la vida de la víctima de una forma muy individual, existen factores de riesgo que se han visto asociados a un peor desarrollo psicológico del menor y un peor ajuste en la vida adulta posterior. Los factores de riesgo individuales son: que la víctima sea de género femenino, que el abuso haya ocurrido entre los 6 y 7 años o entre los 10 y 12 años, que los abusos sexuales se hayan mantenido en el tiempo, que se haya podido combinar con más tipos de maltrato, que exista un lazo afectivo  entre el agresor y la víctima.

También se han encontrado factores de riesgo en el entorno familiar y sociocultural que están relacionados con una mayor indefensión y vulnerabilidad del menor ante los abusos: una sola figura parental, historia de consumo de drogas y/o alcohol en el núcleo familiar, situación de pobreza, desempleo, pobre o nula red de apoyo familiar y/o del entorno, procedencia étnica.

Los factores de riesgo trascienden límites y  ocurren en contextos tanto individuales, sociales, culturales y económicos. Estos factores de riesgo suelen tener la base en la injusticia y la disparidad social. Esto convierte el abuso sexual infantil en una violencia que puede darse en cualquier parte del mundo.

 

CONSECUENCIAS PSICOPATOLÓGICAS DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL

Las víctimas van a presentar consecuencias de diferente tipo: emocionales, sociales, físicas, conductuales o sexuales. Tenemos que tener presente que los menores se verán afectados de manera diferente, cada uno vivirá la experiencia traumática de manera distinta y no presentarán ni los mismos síntomas, ni en la misma frecuencia ni en la misma intensidad.

Se estima que de todas las víctimas de abusos sexuales, entre el 60 y 80% sufren consecuencias a corto plazo. Entre un 20 y un 30% continúan con su vida cotidiana sin cambios relevantes después de la agresión. Y entre un 17 y un 40% manifiestan síntomas clínicos importantes.

Las consecuencias psicopatológicas que se han encontrado más frecuentemente en estos casos son:

  • Trastorno de ansiedad
  • Depresión
  • Trastorno de Estrés Postraumático
  • Trastorno obsesivo-compulsivo
  • Fobias
  • Abuso de sustancias
  • Esquizofrenia
  • Problemas conductuales
  • Agresividad
  • Humillación
  • Vergüenza
  • Miedo
  • Culpabilidad
  • Trastornos de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia)
  • Trastornos somáticos (cefaleas, alteraciones gastrointestinales)
  • Conductas autolíticas
  • Ideación suicida
  • Dificultades o trastornos en el área sexual
  • Trastornos disociativos
  • Trastorno de personalidad
  • Nuevas revictimizaciones

 

Estas consecuencias de abuso sexual infantil son significativas y si no son trabajadas a tiempo se terminan convirtiendo en secuelas que perduran en el tiempo llegando a afectar a la edad adulta. Las víctimas adultas de abuso sexual infantil tienen una gran probabilidad de que las consecuencias ya sufridas en la infancia se intensifiquen y se cronifiquen, y en algunos casos puede aparecer nueva sintomatología: tienen más probabilidad de tener dificultades para regularse emocionalmente, problemas de autoestima, dificultades para relacionarse socialmente, sentimientos de soledad, problemas de memoria, hiperalerta, desajustes en la forma de adaptarse a eventos vitales, mayor probabilidad de presentar conductas delictivas, agresividad, conductas antisociales y presentar conductas sexuales disfuncionales o de riesgo (evitación total del encuentro sexual, dificultad para encontrar el placer, masturbación excesiva, prácticas arriesgadas, consumo excesivo de pornografía, prostitución, parafilias).

Los abusos sexuales también provocan sentimientos de estigmatización, aislamiento, marginalidad y pérdida de reputación social. Muchas víctimas no denuncian por miedo a que su familia se vea señalada y sufra las consecuencias sociales derivadas del rechazo que produce este tipo de delito.

A parte de la sintomatología comentada, se configurará en la persona un sistema de creencias que puede resultar devastador en la forma de verse a sí mismo, a los otros y al mundo. Algunos ejemplos recogidos de casos de víctimas de abuso sexual infantil son: “No merezco amor, merezco sufrir”, “El mundo es cruel y no puedo defenderme”, “Los demás solo quieren hacerte daño”.  Estas creencias se arraigan desde la infancia y acompañarán a la persona durante toda la vida. No será hasta que la persona acepte, sienta, comprenda y sane el dolor del abuso cuando pueda comenzar a ver el mundo desde otra perspectiva (Canales, 2022).

 

MITOS Y REALIDADES ACERCA DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL

Son muchos los mitos que giran alrededor de este tipo de delito, pero citaremos unos pocos para plasmar la disparidad que existe entre lo que se creen algunas personas que ocurre con la realidad.

  • MITO: Normalmente los niños sufren abuso sexual por parte de un extraño.
  • Entre el 75-95% de abusos sexuales a menores lo comete un familiar o una persona cercana.
  • MITO: El abuso sexual infantil es un hecho aislado que sucede una sola vez.
  • Este tipo de abuso tiende a ser una situación que se presenta de forma recurrente debido a la cercanía y a la confianza que consigue obtener el agresor.
  • MITO: Los niños fantasean y mienten cuando relatan actividades sexuales.
  • En un proceso de desarrollo normal, el niño para poder tener claro cómo relacionarse sexualmente debe haberlo visto o experimentado, ya que no tiene los medios para obtener esa información explícita de lo que supone una interacción sexual. 
  • MITO: Si no hay violencia física en la actividad sexual no tiene porque generarse un daño emocional en el menor.
  • La realidad es que los menores experimentan sentimientos de confusión, culpa, enfado, vergüenza y autorreproche como consecuencia de esa interacción sexual. Por lo tanto, aunque no exista violencia física si se genera un daño emocional.
  • MITO: Los agresores sexuales son generalmente personas mayores que no tienen una vida normal.
  • Estudios indican que un 80% de los agresores sexuales cometieron su primer abuso sexual infantil antes de los 25 años. El perfil habitual de un agresor sexual infantil es el de una persona con capacidades sociales y una vida aparentemente funcional.
  • MITO: Un menor tiene la capacidad para huir, gritar o pedir ayuda en un caso de abuso sexual.
  • Los niños por lo general tienden a no cuestionar lo que hacen o piden los adultos, mucho menos si son familiares o de su entorno cercano. Además en los abusos sexuales normalmente se emplean los chantajes, los engaños y el abuso de poder.

El hecho de conocer la realidad y dejar a un lado todos los mitos que nos han hecho creer las películas, los bulos, las historias etc. permitirá que tengamos más conciencia y más herramientas para saber prevenirlo y detectarlo.

 

TRAUMA

El abuso sexual infantil es considerado como una experiencia traumática compleja sobre todo en casos donde el agresor resulta ser un familiar. Esto se debe a la exposición repetida y prolongada de esa situación traumática sumado a la vinculación afectiva y necesidad de protección que tiene el menor hacia la figura del agresor, quedando la víctima cautiva sin posibilidad de escapar. Se produce una disonancia en el menor, pues aquella persona que se supone que le debe cuidar y proteger se convierte en la fuente del daño causado.

La exposición al abuso sexual infantil integra una vulneración somato psíquica y una destrucción de las relaciones de apego. Como consecuencia del trauma que se genera, esas situaciones no son reconocidas, ni contenidas ni resignificadas quedando ancladas en la memoria de forma desadaptativa perturbando a la persona a largo plazo. Ya no solo son las consecuencias psicopatológicas derivadas del abuso, sino que se produce una configuración interna de trauma que hará que la persona reviva esa experiencia mediante imágenes y/o pensamientos intrusivos haciendo que se convierta en una experiencia compleja de trabajar. El trauma puede en ocasiones producir alteraciones a nivel neurológico.

Cuanto menos edad tenga la víctima de abuso, mayor será el impacto en el sistema nervioso central. Esta traumatización temprana debido a las edades de las víctimas ocasionan un gran impacto en tres vías de desarrollo: en la maduración de estructuras cerebrales; en el desarrollo correcto de respuestas fisiológicas; y en el desarrollo de funciones ejecutivas, cognición, respuestas emocionales y comportamentales.

 

DENUNCIA DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL

Se estima que alrededor del 10% al 20% población mundial ha sufrido abuso sexual infantil, dato que en realidad se sabe que es muy superior. En España, las prevalencias de abuso sexual infantil se miden en función de los casos que se llegan a reportar al sistema de Justicia, pero es bien sabido que muchos casos no se denuncian, ya sea por la edad del menor, por qué todavía no se ha descubierto, por culpa, por vergüenza etc. Estos datos al final nos vienen a indicar que el abuso sexual infantil ocurre mucho más de lo que pensamos.

Existe una esfera social de silencio alrededor de este suceso. Es bien sabido como en muchas ocasiones se han ocultado casos de abuso sexual infantil, ya sea de grandes organizaciones, empresarios, actores, profesores, sacerdotes, políticos…Por desgracia, muchas veces las víctimas deben someterse a una revictimización secundaria donde el entorno y el sistema parecerán dudar de la veracidad de esos hechos. Esta permisividad con la que se trata este hecho sólo supone una forma más de desproteger a la víctima.

Las víctimas debido a todo este ocultismo que gira en torno a los abusos sexuales infantiles, no se sienten legitimadas para denunciar, a veces se sienten confundidas con el significado de las conductas que han sufrido, se sienten culpables si denuncian pues piensan que pueden romper la estructura familiar, se sienten avergonzados por no haberlo evitado etc. Son muchas las razones por las que la víctima puede tardar en denunciar o incluso no llegar a hacerlo nunca. Si queremos proteger al menor, debemos como sociedad no mirar hacia otro lado cuando se sospecha de que se esta cometiendo un abuso sexual.

La primera línea para poder mejorar la manera de detectar los abusos es mediante programas de prevención. Cuanto más conozca la gente lo que es y lo que supone los abusos sexuales y dejemos a un lado todo el secretismo, más seremos capaces de prevenirlo y detectarlo.

 

 

La manera en cómo respondemos ante la violencia infantil tendrá consecuencias en las familias y sociedades futuras. Día tras día, niños y niñas de todas partes del mundo se encuentran expuestos a diferentes tipos de violencia que tendrán consecuencias devastadoras en sus vidas. Serán los próximos padres y madres; abuelos y abuelas; maestros y maestras;  políticos; sanitarios;  científicos… Debemos ser capaces de protegerlos y velar por su integridad.

 

 

 

Bibliografía

Canales, J. (2022). El cristal roto. Sobreviviendo al abuso sexual en la infancia. Paidós Ediciones.

Martín, S. G., & Gómez, J. L. G. (2021). Abuso sexual infantil en la génesis de los problemas psicopatológicos en la edad adulta: caso clínico. Psicopatología Clínica Legal y Forense, 21(1), 22-37.

Murillo, J. A., Mendiburo-Seguel, A., Santelices, M. P., Araya, P., Narváez, S., Piraino, C., … & Hamilton, J. (2021). Abuso sexual temprano y su impacto en el bienestar actual del adulto. Psicoperspectivas, 20(1), 70-82.

López- Sánchez, F. (2014). Los abusos sexuales a menores y otras formas de maltrato sexual. Síntesis.

López-Castilla, C. J. (2022). Psicoterapia de personas adultas que han sufrido abuso sexual en la infancia. Escritos de Psicología (Internet), 15(1), 40-49.

López, Y. R., Gigato, B. A. A., & Alvarez, I. G. (2012). Consecuencias psicológicas del abuso sexual infantil. Eureka (Asunción) en Línea, 9(1), 58-68.

Real-López, M., Peraire, M., Ramos-Vidal, C., Llorca, G., Julián, M., & Pereda, N. (2023). Abuso sexual infantil y consecuencias psicopatológicas en la vida adulta. Revista de Psiquiatría Infanto-Juvenil, 40(1), 13-30.