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El silencio

 

 

 

 

Fátima Liern Velasco

 

LA IMPORTANCIA DEL SILENCIO

 

En plena era de la tecnología y con el auge de nuevos dispositivos inalámbricos, contenedores de una enorme fuente de entretenimiento al alcance de nuestra mano, resulta todo un desafío abordar el silencio como un recurso placentero. Pareciera como si este se hubiera quedado rezagado e incluso olvidado, o peor: temido. El silencio parece haber perdido la batalla si observamos la cantidad de transeúntes que hacen uso de auriculares, cascos o altavoces, algo que parece suceder en cualquier entorno: desde gimnasios a bibliotecas, pasando por cafeterías, bares y transporte público. Todo ello podría reflejar un intento de selección del ruido, algo así como “seleccionar nuestra propia banda sonora”, pero ¿y si esconde alguna aversión al silencio?, ¿qué es lo que está sucediendo realmente?

 

 

El silencio: definición

 

El silencio es conocido comúnmente como la ausencia de ruido (Real Academia Española, s.f.). Sin embargo, el silencio va más allá, pues resulta ser un espacio relacional y cognitivo que permite que nuestros pensamientos, emociones e ideas surjan y se establezcan apropiadamente (Bao, 2025). Esto convierte al silencio en una herramienta tan valiosa que incluso es empleada en profesiones como la psicología para lograr una adecuada transmisión de la información. Sin embargo, tal y como mencionábamos anteriormente, en la actualidad observamos cómo abundan el uso de dispositivos con auriculares y entretenimiento que parecen tener por objetivo aislarnos de ese silencio, casi como si eligiéramos voluntariamente no enfrentarnos al mismo.

A la pregunta de si “es posible que estemos huyendo del silencio”, existe un vacío en la literatura que nos permita concretarlo. Sin embargo, estudios acerca del uso de auriculares muestran como estos ayudan a priori a disminuir los niveles de ansiedad gracias a su accesibilidad a la música (Jespersen et al., 2019; Thoma et al., 2013, como se cita en Kalinec y Kalinec, 2024), aunque un uso excesivo de los mismos revierte el efecto al potenciar los niveles de estrés, ansiedad, disminuyendo así la sensación de bienestar (Basner et al., 2014, como se cita en Kalinec y Kalinec, 2024). Finalmente, Kalinec y Kalinec (2024) concluyen la importancia de lograr un equilibrio en el uso de lo auriculares para que estos no fomenten desadaptación, aislamiento social, estrés y /o problemas de audición. En esta línea, el silencio, de nuevo, se convertiría en nuestro aliado para lograr este equilibrio y reducir el exceso.  Sin embargo, ¿sabemos utilizar realmente el silencio? Antes de empezar a dominar esta herramienta conozcamos primero algunas de sus bondades y dificultades.

 

 

Un poco de historia. Aspectos claves del silencio

 

Partimos de que el silencio, en sentido estricto, es una ilusión, pues estamos rodeados de la conocida “orquesta de la vida”, donde el sonido nos acompaña en todas partes (Fortoul van der Goes, 2018). En un sentido más instrumental, podemos entender el silencio como fenómeno humano, el cual se ha estudiado desde la filosofía y la lingüística, y cuya definición ha ido evolucionando con el tiempo hasta alcanzar caminos como el de la psicología clínica, por ejemplo. En este sentido, el silencio se ha utilizado como herramienta en psicoterapia desde el psicoanálisis, ya que es en aquella época cuando cobró importancia el hecho de utilizar el silencio como forma de facilitar la reflexión, la regulación emocional e incluso desarticular resistencias posibles del paciente, para que este pudiera expresar aspectos de lo conocido como “su desarrollo libidinal”, así como posibles contenidos reprimidos (Fonseca y Conti, 2024).

Posteriormente, se realizaron estudios cualitativos y revisiones para mostrar cómo es que el silencio resultaba tan útil, encontrando que resultaba de especial interés saber situarlo en la interacción terapéutica para que este permitiera, por un lado, que el profesional pudiera procesar lo dicho por el paciente, así como que este último encontrase un espacio donde poder trabajar el contenido interno (pensamientos, ideas, emociones, metas, etc). En este sentido, Winnicott (1971/2016, como se cita en Fonseca y De Conti, 2024) defendía la idea de que existe un silencio compartido entre analista y paciente en sesión, lo que permite un espacio de encuentro entre ambos con la suficiente potencia como para reparar posibles aspectos regresivos del sujeto. Asimismo, este silencio funcionaría como un descanso para el sujeto, al convertirse en una zona de alivio frente a la tensión entre la realidad interna y la externa (Winnicott,1971/2016, como se cita en Fonseca y De Conti, 2024).

Es por todo lo anterior que podemos interpretar el silencio como un arma de doble filo: cuando lo utilizamos bien, esta herramienta nos ayuda a construir intimidad y a facilitar la emergencia de recursos internos, ya que favorece la introspección y la reflexión. Sin embargo, un exceso o un mal uso del silencio por parte del profesional puede llegar a desconcertar o resultar incómodo al interpretarse como rechazo (Moreno y Ramírez, 2019). Por eso, en profesiones como la psicología dedican tiempo a aprender a manejar los llamados silencios útiles, así como evitar los silenciadores que bloquean la relación terapéutica (Moreno y Ramírez, 2019).

 

Dado el carácter social del silencio (Bao, 2025), lo interesante es que este puede aplicarse también al ámbito laboral y personal. Por un lado, si atendemos al ámbito laboral, fomentar la práctica del silencio y de espacios de trabajo silenciosos favorece la reflexión y productividad al facilitar la regulación emocional (Asselineau et al., 2024). Por otra parte, a nivel personal, el silencio arroja beneficios tanto a nivel interpersonal como intrapersonal, como sucede cuando actuamos como oyentes en nuestras interacciones y tenemos la oportunidad de hacer un uso adecuado del silencio, potenciando su capacidad de apertura y reflexión, así como mitigando sus posibles interpretaciones hostiles por parte de los conversadores (Moreno y Ramírez, 2019). Asimismo ocurre en el ámbito intrapersonal, siendo nosotros mismos quienes, con dedicación y paciencia, afilemos dicha herramienta para permitir un espacio de reflexión en nuestras vidas, donde practicar nuestra “habla interna” (Bao, 2025).

Sin embargo, si observamos detenidamente a nuestro alrededor observaremos como apenas estamos dejando lugar al silencio y sus beneficios. Son frecuentes los carteles en vagones de metro y autobuses donde se debe explicitar el correcto uso de auriculares dada la frecuencia con la que los viandantes utilizan dispositivos sonoros como el móvil. El exceso de ruido y música en nuestro entorno parece actuar tanto como estímulo como mecanismo de distracción pues, inevitablemente, no deja lugar a que el silencio obre su magia y permita un correcto intercambio de ideas. Sin embargo, la exposición repetida al ruido trae consigo una serie de inconvenientes para la salud, entre los que se encuentran problemas para conciliar el sueño, de comunicación, malestar (Mehrotra et al., 2024), lo que se posiciona como otro motivo más para poner en práctica el silencio interior.

 

 

La práctica del silencio

 

Existen formas de educar a la mente para que esta realmente nos permita realizar esa conexión con nosotros mismos de forma sana mediante el silencio. Por un lado, las terapias de tercera generación de psicología son conocidas por fomentar el ejercicio de la atención en el aquí y ahora, de forma contemplativa y no juiciosa, simplemente observando (Álvarez, 2014). Eliminar los juicios o criticas permite percibir el entorno con perspectiva, lo que ayuda a que los posibles problemas que nos acontezcan en el momento puedan ser percibidos con distancia, y con ello, el silencio desde la atención plena no valorativa podría ayudar a relativizar dichos problemas, facilitando así la puesta en práctica de posibles soluciones, tal y como defiende la terapia de aceptación y compromiso (Hayes et al., 1999, como se cita en Saulsman, 2025).

 

Esta terapia, considerada terapia de tercera generación, nos aporta otra herramienta de gran interés: el empleo de metáforas, como por ejemplo contemplar la naturaleza de los pensamientos como nubes que pasan (Álvarez, 2014). Esta ayuda a poner en perspectiva aquellos aspectos del silencio que pudieran resultarnos incómodos al comienzo (ej. exposición al flujo de pensamientos) al permitir este fenómeno de distanciamiento, conocido como “difusión cognitiva” (Saulsman, 2025). Otra herramienta de utilidad para abordar los silencios y potenciar sus beneficios como entorno de autoconocimiento sería practicar la respiración enfocada en el aquí y ahora, tal y como nos enseña nuestra segunda terapia de tercera generación; la terapia cognitiva basada en mindfulness (Segal et al., 2002, como se cita en Álvarez, 2014). Por último, conviene mencionar una última herramienta por sus enormes beneficios, y que podría resultar de interés en la práctica del silencio interior: la gratitud. Investigaciones sobre la gratitud confirman que esta tiene efectos positivos sobre la afectividad, la reducción del estrés y la regulación emocional (Bohlmeijer et al., 2021), por lo que cabe hipotetizar que realizar esa práctica en momentos de silencio e intimidad podría reforzar también la experiencia del silencio como entorno reparador.

 

 

Resumen y conclusiones

 

En resumen, como hemos mencionado anteriormente, el silencio es una ventana a la mente, pues permite visualizar ideas, conectar y reflexionar (Asselineau et al., 2024; Bao, 2025). Cuando nos animamos a escuchar la aparente ausencia de ruido es cuando realmente estamos afinando a escuchar otra melodía, la de nuestros pensamientos, conflictos e ideas. Es por ello que cobra importancia la necesidad de, de vez en cuando, dejar a un lado los auriculares, perder la mirada en el horizonte y simplemente “escuchar el silencio”, o mejor dicho, permitirnos escucharnos, pues es a ello a lo que nos enfrentamos realmente, aunque al principio pueda resultar extraño. Como todo hábito olvidado, requiere de tiempo, constancia y paciencia retomar una rutina saludable (Lally et al., 2010), y esto mismo aplica al hábito de adentrarse de nuevo a los silencios. Ahora que conoces las bondades de encontrar espacios para la escucha propia, desde luego el “silencio” merece la oportunidad de ser traído de vuelta por sus beneficios tanto a la hora de crear orden y estructura mental y con ello tranquilidad (Asselineau et al., 2024), como por protegernos de los efectos nocivos de la constancia de ruido en nuestro entorno (Kalinec y Kalinec, 2024; Mehrotra et al., 2024).

 

 

Referencias:

 

Álvarez, M. P. (2014). Las terapias de tercera generación como terapias contextuales. Editorial Síntesis.

Asselineau, A., Grolleau, G., y Mzoughi, N. (2024). Quiet environments and the intentional practice of silence: Toward a new perspective in the analysis of silence in organizations. Industrial and Organizational Psychology, 17(3), 326-340. https://doi.org/10.1017/iop.2024.9

Bao, D. (2025). A systematic review of multifaceted silence in social psychology. Behavioral Sciences, 15(9), 1220. https://doi.org/10.3390/bs15091220

Bohlmeijer, E. T., Kraiss, J. T., Watkins, P., y Schotanus‑Dijkstra, M. (2021). Promoting gratitude as a resource for sustainable mental health: Results of a 3-armed randomized controlled trial up to 6 months follow-up. Journal of Happiness Studies, 22, 1011–1032. https://doi.org/10.1007/s10902-020-00261-5

Fortoul van der Goes, T. I. (2018). Los sonidos y el silencio. Revista de la Facultad de Medicina (México), 61(4), 56-58. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0026-17422018000400056&script=sci_arttext

Fonseca, M. S. da, y Conti, L. de. (2024). Entre paradas e movimentos: Uma revisão teórica a respeito do silêncio em psicanálise. Psicologia USP, 35, e200088. https://doi.org/10.1590/0103-6564e200088

Kalinec, G. M., y Kalinec, F. (2024). Auriculares y estrés: Su impacto en la salud auditiva [Headphones and stress: Their impact on hearing health]. Pinelatinoamericana, 4(1), 41–57. https://revistas.unc.edu.ar/index.php/pinelatam/article/view/42963/44799

Lally, P., van Jaarsveld, C.H.M., Potts, H.W.W. y Wardle, J. (2010), How are habits formed: Modelling habit formation in the real world. Eur. J. Soc. Psychol., 40: 998-1009. https://doi.org/10.1002/ejsp.674

Mehrotra, A., Shukla, S. P., Shukla, A. K., Manar, M. K., Singh, S. K., y Mehrotra, M. (2024). A comprehensive review of auditory and non-auditory effects of noise on human health. Noise & Health, 26 (121):59-69. https://doi.org/10.4103/nah.nah_124_23

Moreno Rosset, C., y Ramírez Uclés, I. M. (Eds.). (2019). Evaluación psicológica: Proceso, técnicas y aplicaciones en áreas y contextos. (pp.192-201). Madrid: Sanz y Torres.

Real Academia Española. (s.f.). Silencio. En Diccionario de la lengua española. Recuperado el 3 de diciembre de 2025, de: https://dle.rae.es/silencio

Saulsman, L. M. (2025). Using metaphor to facilitate cognitive detachment in cognitive behaviour therapies. The Cognitive Behaviour Therapist, 18, e17. https://doi.org/10.1017/S1754470X25000054