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Las redes sociales y la autoestima

 

Una relación complicada

 

 

 

Iván Malango Escribano

 

La revolución digital ha transformado completamente nuestra forma de vivir y de relacionarnos. Hoy en día, las personas y, en especial, los jóvenes, se relacionan digitalmente tan a menudo como físicamente. Ya sea mediante “likes”, comentarios en fotos, conversaciones por teléfono, mensajes o vídeo, todas las relaciones en algún momento pasan por el filtro de las redes sociales. Esto resulta de mucha utilidad en lo que respecta a mantener relaciones a distancia o poder comunicarse con y conocer a personas con las que de otra manera sería imposible establecer una amistad. Aun así, las redes sociales tienen ciertos inconvenientes que no deben ser pasados por alto y uno de ellos es sin duda el grave coste que suponen para la salud mental de algunos individuos.

 

Hace unos años, se idolatraba a menudo a ciertas personas famosas, los llamados “sex symbols”. Estos personajes se convertían en el foco de todas las miradas y todo el mundo estaba de acuerdo en que parecían, por así decirlo, caídos del cielo. Sin embargo, esas figuras parecían inalcanzables, nadie se planteaba intentar llamar la atención de Marilyn Monroe o de Michelle Pfeiffer, bueno, quizá algún fan muy acérrimo podría querer intentarlo, pero en principio todo el mundo estaba de acuerdo en que eran cosas que solo se veían por la televisión y, por tanto, sueños imposibles que no pasarían de una fantasía. Sin embargo, hoy en día hay miles de cuentas en redes como Instagram o Tik Tok de personas que comparten a diario sus vidas, rutinas, hábitos, cualquier cosa. Personas normales y corrientes que se vuelven el ídolo de sus miles de seguidores por su carisma, atractivo o conocimientos, son los autodenominados “creadores de contenido”.

 

Estos creadores, sin desestimar la labor que realizan, pueden llegar a mermar la autoestima de estas personas que, diariamente, ven a otros ser más atractivos, tener vidas más felices y más lujosas. Esto se acrecienta cuando recuerdan que algunas de esas personas, han llegado a dónde están haciendo cosas que bien podrían hacer ellos mismos. Esto es lo que le ocurre a gran parte de la Generación Z, que es la que dedica más tiempo a las redes sociales y su uso. Si a todo esto le sumamos la gran facilidad de las personas para, escondidas tras el anonimato, criticar a otros, tenemos el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de trastornos mentales como la ansiedad o la depresión.

 

Un estudio realizado por la Universidad de Swansea nos habla de cómo ver imágenes de personas que se ajustan a los cánones de belleza que uno ha recibido de la sociedad afecta notablemente a cómo percibimos nuestro propio cuerpo. Las personas con más baja autoestima, se ven especialmente afectadas por este tipo de imágenes tan comunes en las redes sociales, lo cual no hace sino reducir aún más su autoestima y así continuamente. Esta podría ser una de las razones por las que entre los años 2011 y 2021 en España se multiplicaron por 6 los diagnósticos de Trastornos de la Conducta Alimentaria, es decir, la anorexia nerviosa y la bulimia. También existen estudios que nos indican que el uso pasivo de redes sociales, el comúnmente denominado “scrolling”, puede producir también una pérdida del sentido de la vida a las personas cuya autoestima está perjudicada.

 

Con esto no pretendo decir que las redes sociales sean una fuente de trastornos mentales y que deberían ser eliminadas, al contrario, considero que las redes sociales son una herramienta esencial para los tiempos en los que vivimos y que saber manejarse con ellas puede ser extremadamente beneficioso para las personas, independientemente de su edad, procedencia o intereses. Sin embargo, creo que es importante que recordemos que existe un mundo fuera de las redes sociales y que, de hecho, el mundo de las redes sociales es, en gran parte, irreal. Muy pocas personas suben publicaciones a Instagram cuando están tristes ni graban un Tik Tok cuando están enfadados. La mayoría de los creadores presentan la parte más bonita e interesante de sus propias vidas, por lo tanto, no debemos basar nuestro ideal de vida en algo que no representa ni tres cuartas partes de la vida de esas mismas personas. Eso por no hablar de los filtros, photoshop, maquillajes… Cuando vemos a Brad Pitt en la televisión, naturalmente que nos fijamos en su atractivo, pero debemos recordar que antes de aparecer en nuestras pantallas, ha pasado por un camerino con los mejores maquilladores, vestido por los mejores modistas y editado por los mejores editores gráficos.

 

En resumen, debemos darle a lo que vemos en las redes la importancia que merece, ni más ni menos. Querer hacernos ricos de repente, alcanzar un cuerpo extremadamente normativo o ser invitados a las fiestas más exclusivas, no solo es poco realista, sino que probablemente no nos resultaría suficientemente satisfactorio si lo consiguiéramos, porque el ser humano tiene una peculiaridad que a menudo olvidamos, y es que nunca tenemos suficiente. Siempre se puede ganar más dinero, tener más éxito, ser más admirado o más atractivo. A veces nos llevamos las manos a la cabeza cuando algún famoso dice que tiene ansiedad o depresión, porque no recordamos que la felicidad no la da la fama, el dinero o el éxito. Lo más importante es cuidarnos mental y físicamente.

 

 

Referencias

 

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Universidad Complutense de Madrid (2021). Número de casos de anorexia nerviosa o bulimia registrados en España de 2011 a 2021. Statista.

Price, M., Pink, A. E., Anagnostopoulou, V., Branford, L., Fleming, C., Jenkins, G., Jones, L., Lovesey, C., Mehta, A., & Gatzemeier, J. (2023). Self-esteem, but not age, moderates the influence of viewing social media on body image in adult females. Psychology of Popular Media. Advance online publication. https://doi.org/10.1037/ppm0000493

Vialle, S. J., Machin, T., & Abel, S. (2023). Better than scrolling: Digital detox in the search for the ideal self. Psychology of Popular Media. Advance online publication. https://doi.org/10.1037/ppm0000496