Gratitud y psicología
Fátima Liern Velasco
La Real Academia Española (RAE) define la gratitud como un “sentimiento que obliga a una persona a estimar el beneficio o favor que otra le ha hecho o ha querido hacer, y a corresponderle de alguna manera (RAE, s.f). La gratitud es un concepto que de forma frecuente asociamos con la religión, ya que es uno de los medios que más refuerzan la importancia de ser agradecidos y aprender a valorar y celebrar lo que tenemos (Cuadra-Martínez et al., 2023). Es por esto quizá que a menudo la gratitud resulta una herramienta que pasa inadvertida, por limitarla a la religión. Sin embargo, la gratitud va mucho más allá, y en una sociedad caracterizada por la inmediatez, la comparación constante y la focalización en el consumo y la carencia, la gratitud se presenta como una herramienta psicológica de gran valor a pesar de su desconocimiento. La gratitud constituye tanto gesto educado o actitud ingenua, como un proceso cognitivo y emocional que influye directamente en el bienestar, la motivación y la regulación emocional (Moyano, 2011). De hecho, desde la psicología, la gratitud se define como la capacidad de reconocer y valorar los aspectos positivos de la experiencia, ya provengan de uno mismo, de otras personas o del contexto vital (Peterson y Seligman, 2004; Emmons, 2007, como se cita en Moyano, 2010). En este sentido, la gratitud implica un cambio atencional, pues consiste en dejar de centrar el foco exclusivamente en lo que falta o duele para integrar aquello que sí está funcionando, actuando así como un factor protector contra malestar psicológico (Fredrickson, 2001).
Es importante recalcar que no por ello la gratitud supone negar las dificultades, sino que es una herramienta que nos permite ampliar la perspectiva, aportando a su vez una serie de beneficios a nivel tanto psicológico como emocional, cognitivo y social (García-Robles, 2024). La evidencia científica muestra que practicar la gratitud se asocia con mayores niveles de bienestar subjetivo, emociones positivas, satisfacción vital y resiliencia, así como con menores niveles de estrés, ansiedad y sintomatología depresiva (Keyes, 1998; Chui y Diehl, 2023; Hang Nguyen et al., 2023; como se cita en García-Robles, 2024). Además, a nivel cognitivo, la gratitud actúa como un entrenamiento atencional que contrarresta el sesgo negativo, frecuente en estados de malestar emocional, que consiste en la tendencia a atender y recordar con mayor facilidad los estímulos aversivos frente a los neutros o positivos (Baumeister et al., 2001). La gratitud también tiene su impacto a nivel social, favoreciendo la formación de relaciones interpersonales más sanas, ya que incrementa la empatía y reduce la hostilidad (Chui y Diehl, 2023). Es por ello que ocupa un lugar central en muchas tradiciones religiosas, pues se vincula al reconocimiento, la humildad y el sentido de trascendencia. Practicar la gratitud fomenta la aceptación, reduce la queja constante y fortalece el sentido de comunidad, reforzando la cohesión social, la esperanza y la regulación emocional (Petterson y Seligman, 2004, como se cita en García-Álvarez y Soler, 2021).
Gratitud y aprendizaje: refuerzo positivo vs. refuerzo negativo
La gratitud, como toda herramienta y estrategia de regulación, se puede aprender. De hecho, autores como Tapasco-Peláez et al. (2024), señalan una crisis en los valores de la sociedad actual que motiva a reforzar urgentemente los mismos en áreas como la educación y el aprendizaje de la gratitud, más aun sabiendo que la reflexión por parte de los jóvenes acerca de los valores y del significado personal y colectivo que estos guardan tiene implicaciones beneficiosas en su recorrido vital, al fomentar una perspectiva más optimista de la vida personal y una sociedad más justa (Álvarez, 2019; Hoyos Velásquez, 2022; como se cita en Tapasco-Peláez et al., 2024).
Desde la psicología del aprendizaje conductual, la gratitud podría entenderse como una forma de refuerzo positivo, ya que aumenta la probabilidad de repetir conductas adaptativas al asociarlas con consecuencias agradables (ej. reconocer el esfuerzo propio de acudir al gimnasio refuerza la perseverancia y nos motiva a reproducir dicha conducta) (Morinigo y Fenner, 2021). En contraste, existe el refuerzo negativo, que implica la retirada de un estímulo aversivo para mantener una conducta, como ocurre en muchas conductas de evitación o escape (ej. retirar la mano de fuego porque quema supone un alivio y refuerza porque retira el dolor) (Vila et al., 2003). Por una parte, el refuerzo negativo mantenido en el tiempo puede resultar ineficaz pues, por ejemplo, evitar una situación social reduce momentáneamente la ansiedad, pero mantiene el problema a largo plazo debido a la propia conducta evitativa (Vila et al., 2003). Lo mismo puede suceder con el refuerzo positivo mantenido en el tiempo si este proviene de una recompensa externa (ej. dinero, premios, comida), pudiendo, por ejemplo, motivar que la conducta se repita por dicho refuerzo externo en lugar de ser motivada por la propia satisfacción (ej. me porto bien porque la recompensa es una paga, no el sentimiento de eficacia). Como mencionamos, la gratitud actúa como refuerzo positivo pues no se basa en huir del malestar, sino en reforzar activamente experiencias, conductas y significados positivos, promoviendo aprendizajes más estables y saludables (Fredrickson, 2001; Cuadra-Martínez et al., 2023). Como matiz, la gratitud se diferencia de estos procesos porque no se centra en la evitación del malestar, sino en el fortalecimiento activo de experiencias y aprendizajes positivos, fomentando así el bienestar psicológico (Fredrickson, 2001).
Qué no es gratitud: Aspectos a considerar
Existen algunos aspectos estrechamente ligados al concepto de gratitud que conviene diferenciar, pues a menudo confunden e incluso limitan el verdadero efecto del ejercicio de la misma. Por una parte, existe una tendencia confundir gratitud con endeudamiento (ej. sentir que estamos en deuda con alguien que nos ayuda limita el sentimiento natural de gratitud que despierta este evento) (Cuadra-Martínez et al., 2023). La principal diferencia entre ambas radica en que la deuda implica un pago o retribución que efectuar al acreedor, mientras que la gratitud trasciende cualquier tipo de operación relacionada con intereses, como podría ser una deuda económica, consistiendo en un compromiso moral que adquiere el receptor de una ayuda o favor basado en la generosidad (Gray, Emmons y Morrison, 2001; Tsang, 2006; como se cita en Cuadra-Martínez et al., 2023).
Por otra parte, en apartados anteriores mencionábamos la estrecha relación que parece guardar el concepto de gratitud con el terreno de la religión. Resulta que, aunque su origen cultural esté ligado a la religión en muchos casos, la gratitud puede aplicarse de forma completamente laica. Esta confusión a menudo resulta de la estrecha relación que existe entre la gratitud y la dimensión de espiritualidad, (Thomas et al., 2023; Watkins et al., 2023; como se cita en García-Robles, 2024), donde existe una correlación positiva entre el desarrollo de valores morales y la experiencia de gratitud (Wong et al., 2024, como se cita en García-Robles, 2024). Para el desarrollo de la gratitud de forma laica, ejercicios como llevar un diario de gratitud donde registrar de tres a cinco acciones bondadosas ejecutadas o recibidas en el día, realizar un ejercicio de verbalización en voz alta de agradecimientos concretos de forma individual o mediante la participación en grupos de enseñanza de la gratitud o identificar aprendizajes positivos incluso en experiencias difíciles son estrategias sencillas y eficaces que denotan un proceso de gratitud (García-Robles, 2024). De esta forma, la gratitud actúa como un hábito psicológico protector, al integrarlo en la rutina diaria, siendo así una herramienta costo-efectiva para el beneficio de nuestra salud mental (Boggiss, 2020; Bono et al., 2023; Diniz et al., 2023; Senger y Gallager, 2023; como se cita en García-Robles, 2024).
Conclusión
Practicar la gratitud no es un acto pasivo ni superficial, no supone ningún tipo de endeudamiento ni está exclusivamente ligado a la religión. Por el contrario, la gratitud constituye una estrategia psicológica activa que favorece el bienestar, el aprendizaje adaptativo y una relación más sana con uno mismo y con el entorno. Así, en un contexto clínico y cotidiano, constituye una herramienta valiosa para promover salud mental y calidad de vida que conviene integrar como hábito en nuestra rutina diaria por su factor protector de la salud mental.
Referencias:
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Chui, H, y Diehl, M, (2023). Gratitude and loneliness in daily life across the adult lifespan. Current Psychology, 42, 1179311808. https://doi.org/10.1007/s12144-021-02488-8
Cuadra-Martínez, D., Pérez-Zapata, D., Sandoval-Díaz, J., Javier Castro, P., Oyanadel, C., Mora-Dabancens, D., Cuadra-Carrasco, C., y González-Palta, I., (2023). Religión, gratitud y comportamiento prosocial: un modelo predictivo. Revista CES Psicología, 16(3), 16-29. https://dx.doi.org/10.21615/cesp.6669
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