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El refuerzo intermitente

 

¿Qué es y por qué debemos evitarlo?

 

 

 

Iván Malango Escribano

 

Un tema bastante controvertido últimamente es el de las “relaciones tóxicas”, relaciones que contienen elementos que recientemente nos hemos percatado de que son peligrosos, dañinos, preocupantes… Uno de esos elementos es el refuerzo intermitente, un término que se ha ido instaurando como uno de los mayores señalizadores de una relación tóxica junto con el “gaslighting”, el “ghosting” y otros tantos términos anglosajones. En concreto el refuerzo intermitente tiene mucho que ver con la psicología, ya que los psicólogos a menudo tendemos a referirnos a las relaciones personales en términos del aprendizaje operativo, es decir, refuerzo y castigo. Estos dos términos son bastante sencillos de comprender aunque no se haya cursado un grado en psicología, un refuerzo es una recompensa, algo que nos produce una gratificación y un castigo es algo que nos desagrada o nos causa malestar. Los refuerzos y castigos son de muchos tipos y se pueden utilizar de muchas maneras distintas, pero de manera muy resumida, sirven para aumentar o disminuir la probabilidad de una conducta.

 

Esto quiere decir que si a una persona se le otorga una recompensa después de un comportamiento es más probable que realice ese comportamiento en el futuro y, si se le castiga después del comportamiento, es menos probable que lo realice. A menudo tendemos a pensar que esto solo ocurre con los animales, como el famoso perro de Pavlov o las palomas de Skinner, pero en realidad los humanos funcionamos de manera muy similar y también lo aplicamos a nuestras relaciones sociales y personales. En lo que se refiere a estas últimas, el refuerzo podría ser por ejemplo las actividades que realizamos con nuestra pareja, las risas, la diversión, el cariño o incluso el sexo, mientras que el castigo podríamos verlo como la retirada de la palabra, los enfados, las discusiones, los reproches… Recordemos que un castigo no tiene por qué contener violencia física, psicológica o verbal para que resulte efectivo, basta con que nos cause malestar.

 

Entonces, hemos dicho que el refuerzo aumenta las conductas y el castigo las disminuye, pero, ¿Qué ocurre cuando los voy alternando? Esto es a lo que denominamos refuerzo intermitente y tiene un funcionamiento muy especial cuando se aplica a las parejas. Pongamos un ejemplo práctico antes de trasladarlo a la realidad de la vida en pareja, supongamos que tengo una rata de laboratorio a la que le gusta mucho el agua azucarada. Cada día, a la misma hora, le doy a la rata un poco de agua azucarada de la que tanto le gusta. Una vez que se acostumbre a esto, la rata siempre vendrá hacia mí a esa hora del día. Incluso si esa misma mañana la someto a duras pruebas que le resulten desagradables, es probable que la rata vuelva a por su agua azucarada, ya que entiende que ese momento es el de recibir un refuerzo positivo. De esta manera mantengo contenta a mi rata a pesar de hacérselo pasar mal en otros momentos del día y así nunca me tendrá miedo.

 

Algo similar pasa con las relaciones, en las que puede ocurrir que una de las partes tome ese rol más dominante en el que se encarga de repartir refuerzos y castigos sin mucho criterio, haciendo que la otra persona esté siempre esperando al próximo refuerzo, en vez de fijarse en el malestar que le producen los castigos. Pongamos por ejemplo que a usted su pareja apenas le presta atención, no le contesta al teléfono y cuando están juntos en casa le contesta de mala manera. Sin embargo los sábados, su pareja se pone súper alegre, se convierte de repente en la pareja perfecta, la persona que a usted más feliz le hace en el mundo. Si tuviera que elegir entre dos opciones ¿Qué haría usted? ¿Abandonar a su pareja o esperar con ganas el próximo sábado?

 

Naturalmente, en la vida real las cosas no son tan dicotómicas, siempre se puede hablar con la pareja para intentar llegar a un intermedio entre el rechazo y el aprecio, pero el problema es que en la vida real los refuerzos intermitentes tampoco son tan evidentes como el del ejemplo. A veces basta con un arrebato de celos, seguido de una retahíla de disculpas y promesas vacías para generar situaciones que pueden acabar envolviéndonos en una dinámica de la que es muy difícil salir. Porque aunque parezca mentira, este tipo de dinámicas son muy adictivas para las personas. Saber que el malestar va a ir seguido de un refuerzo puede hacernos aguantar contra viento y marea aún cuando sabemos que es malo o incluso peligroso para nosotros mismos. Es muy importante estar atento a este tipo de conductas y establecer en las relaciones límites muy definidos que nos protejan y, sobre todo, debemos alejarnos de las personas que realizan estas conductas repetidamente, ya que igual que para nosotros su atención es un refuerzo, para ellos lo es nuestro perdón.

 

 

Referencias

 

Scott HK, Jain A, Cogburn M. Behavior Modification. 2023 Jul 10. In: StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2024 Jan–. PMID: 29083709.