Seleccionar página

Psicopatía

 

 

 

Gisella Brandi

 

Cuando escuchamos la palabra “psicópata” nos viene a la cabeza un asesino en serie o criminales de película. Sin embargo, la psicopatía es un concepto mucho más amplio y cotidiano de lo que pensamos. La mayoría de las personas con psicopatía no comenten delitos ni encajan con la imagen extrema que a veces tenemos. De hecho, Skeem y Cooke (2010) señalan que la psicopatía no debe definirse por la conducta delictiva. Señalan que la criminalidad no es un rasgo esencial del concepto y que hay personas con rasgos psicopáticos que no muestran un patrón persistente de comportamientos delictivos. En esta línea, Hart and Hare (1997) apuntan que los rasgos característicos de la psicopatía no implican por si solos que se vaya a cometer un delito y que, en realidad, solo una pequeña parte de las personas que delinquen pueden considerarse psicópatas.

 

 

¿Qué es la psicopatía?

 

La psicopatía no se considera un trastorno de la personalidad como tal, sino un conjunto de rasgos que pueden aparecer con distinta intensidad. Aunque comparte algunos elementos con el trastorno antisocial de la personalidad, no son lo mismo.

Existen distintos modelos para explicar la psicopatía, la investigación reciente coincide en que se trata de un conjunto de rasgos afectivos, interpersonales y conductuales. Entre ellos destacan la frialdad emocional y la baja empatía, un estilo interpersonal basado en la manipulación y la búsqueda de dominancia, y un patrón de impulsividad e irresponsabilidad. (Lynam y Miller, 2019; Viding y McCrory, 2019). 

En esta misma línea, Blair (2005) añade que suele observarse una respuesta empática reducida ante el sufrimiento ajeno, junto con rasgos de insensibilidad y dificultades para regular la impulsividad.

 

 

Subtipos de psicopatía

 

Karpman (1941) planteó una clasificación que diferencia dos formas de psicopatía. La psicopatía primaria se asocia con una baja ansiedad, una mayor frialdad emocional y un estilo interpersonal más calculado y estable, acompañado de una reactividad emocional reducida. En contraste, la psicopatía secundaria suele relacionarse con una impulsividad más marcada, mayor inestabilidad emocional y, en algunos casos, con experiencias tempranas traumáticas. Estudios posteriores, como el de Skeem et al. (2007), han respaldado esta distinción, mostrando que estos subtipos ayudan a comprender la diversidad en la forma en que se expresan los rasgos psicopáticos. Esta clasificación también se mantiene en la investigación, estudios como el de Skeem et al. (2007) continúan utilizándola como una forma útil de distinguir diferentes perfiles dentro de la psicopatía.

 

 

Prevalencia

 

La prevalencia de la psicopatía en la población general es baja, aunque las estimaciones varían entre estudios. Las revisiones recientes sitúan la cifra entre aproximadamente el 1 % y el 4 %, y coinciden en que los rasgos psicopáticos son más frecuentes en hombres que en mujeres (Coid et al., 2009; Sanz‑García et al., 2021). Algunos autores también apuntan a que en ciertos entornos laborales pueda existir mayor presencia de personas con rasgos psicopáticos. En el ámbito corporativo, se ha observado una mayor presencia de rasgos psicopáticos en puestos directivos y de alta responsabilidad (Babiak, Neumann y Hare, 2010). De forma similar, en organizaciones grandes se ha descrito que estos rasgos aparecen con más frecuencia en cargos de liderazgo (Boddy, 2011).

 

 

Patrones de comportamientos

 

Se han identificado varios patrones de comportamiento que aparecen con frecuencia en personas con rasgos psicopáticos. En el plano interpersonal, suele aparecer una forma de relacionarse marcada por vínculos superficiales, el uso de la manipulación y la tendencia a tratar a los demás como medios para un fin cuando les resulta útil (Viding y McCrory, 2019).

A nivel afectivo, Blair (2005) describe que estas personas suelen mostrar emociones poco profundas y una capacidad limitada para establecer vínculos estables. En la misma línea, Blair (2013) plantea que estas características podrían estar relacionadas con diferencias en cómo funciona el cerebro al procesar las emociones, lo que ayudaría a entender por qué algunas personas con estos rasgos muestran menos sensibilidad ante el sufrimiento ajeno.
En el ámbito conductual, suelen aparecer rasgos como la impulsividad, la búsqueda de sensaciones y problemas para mantener responsabilidades o metas a largo plazo (Patrick, Fowles y Krueger, 2009). Estos patrones no implican necesariamente conductas delictivas, pero sí reflejan una forma característica de actuar y relacionarse que ha sido ampliamente documentada en la investigación.

 

El trabajo de Book, Costello y Camilleri (2013) muestra que las personas con rasgos psicopáticos pueden reconocer con bastante precisión cuándo alguien es vulnerable, lo que puede influir en cómo seleccionan a sus posibles víctimas.

El hecho de que los psicópatas puedan mostrar emociones que quizá no sienten coincide con la idea de que pueden comprenderlas e imitarlas a pesar de tener una experiencia emocional reducida. (Cleckley, 1941). En esta misma línea, el estudio de Book, Methot, Gauthier et al. (2015), algunas personas con rasgos psicopáticos pueden parecer fiables imitando emociones que no sienten, lo que les facilita manipular y engañar, y esa imitación emocional es solo una de las tácticas que pueden usar para influir en los demás.

 

 

Estructuras cerebrales

 

La investigación en neurociencia indica que ciertas áreas del cerebro no funcionan del mismo modo en personas con rasgos psicopáticos. Blair (2008) señala que la amígdala, una región fundamental para procesar el miedo y otras emociones básicas, muestra una menor activación que podría estar relacionada con la respuesta emocional más limitada que suelen presentar.

Por otro lado, Yang y Raine (2009) apuntan que la corteza prefrontal ventromedial, que está relacionada con la toma de decisiones, la empatía y el control de los impulsos, puede presentar menos volumen y menor actividad en personas con rasgos psicopáticos. Según los autores, esto podría explicar por qué a algunas personas con estos rasgos tienen dificultades para anticipar las consecuencias de sus actos y regular su comportamiento.

En esta misma línea, Kiehl (2006) describe que estas diferencias no se limitan a una región concreta, sino que también aparecen en el sistema paralímbico, un conjunto de áreas que intervienen en cómo sentimos, cómo interpretamos a los demás y cómo actuamos en situaciones sociales. Según el autor, este sistema funciona de otra manera en personas con rasgos psicopáticos, algo que puede reflejarse en cómo manejan las emociones y en su comportamiento social.

 

 

Influencia ambiental

 

Aunque estos rasgos tienen una base biológica y suelen mantenerse estables con el tiempo, Raine (2018) explica que el ambiente también influye en cómo aparecen en la vida diaria. Las experiencias dentro de la familia y en otros entornos sociales pueden hacer que la impulsividad, la irritabilidad, la dificultad para controlar la conducta o la falta de empatía se muestren con mayor o menor intensidad. Según el autor, esto indica que la forma en que estos rasgos se manifiestan no depende solo de factores internos, sino también de las condiciones en las que la persona crece y se desarrolla.

Estas diferencias entre lo biológico y lo ambiental también se observan en la distinción que hace Hare (1999), quien señala que los términos psicópata y sociópata suelen usarse como equivalentes, aunque no se refieren al mismo origen. Para el autor, psicopatía se utiliza cuando se considera que estos rasgos tienen una base principalmente biológica, mientras que sociopatía se relaciona con la influencia del entorno. Esta idea coincide con la perspectiva de que la forma en que se expresan estos rasgos depende tanto de factores internos como de las condiciones en las que la persona se desarrolla. Por tanto, estos rasgos surgen de la combinación entre la base biológica innata y el entorno en el que crece y se desarrolla.

 

 

Psicópatas integrados

 

Después de tener en cuenta esta interacción entre lo biológico y lo ambiental, también es importante recordar que no todas las personas con rasgos psicopáticos muestran un funcionamiento problemático. De hecho, algunos estudios hablan de psicópatas exitosos o integrados, es decir, personas que presentan estos rasgos pero que, en su vida cotidiana se desenvuelven con normalidad. Lilienfeld, Watts y Smith (2014) explican que características como la audacia, la baja ansiedad o la capacidad para mantener la calma pueden resultar útiles en ciertos contextos sociales o laborales. En este sentido, la etapa educativa adquiere especial relevancia, el uso del diálogo y el afecto en la crianza funciona como un factor protector que ayuda a regular estos rasgos y evita que deriven en conductas problemáticas (López-Romero, Romero y Villar, 2012).

 

 

Conclusiones

 

La psicopatía es un fenómeno más amplio y diverso de lo que suele pensarse. La investigación muestra que estos rasgos no implican necesariamente conductas delictivas y que pueden aparecer de maneras distintas según la persona, y no todas las personas con rasgos psicopáticos muestran un funcionamiento problemático. También se ha visto que intervienen tanto factores biológicos como ambientales, y que las experiencias familiares y sociales influyen en cómo se expresan estos rasgos a lo largo del desarrollo. Además, algunas personas pueden desenvolverse con normalidad en su vida diaria a pesar de presentar estos rasgos, sobre todo cuando han crecido en entornos que ofrecen apoyo y un clima familiar positivo.

La psicopatía no es un perfil fijo ni único, sino un conjunto de características que se manifiestan de forma diferente según la historia y el contexto de cada individuo.

 

 

Referencias

 

Babiak, P., Neumann, C. S., y Hare, R. D. (2010b). Corporate psychopathy: Talking the walk. Behavioral Sciences y the Law, 28(2), 174–193. https://doi.org/10.1002/bsl.925

Blair, R. J. R. (2005). Applying a cognitive neuroscience perspective to the disorder of psychopathy. Development and Psychopathology, 17(3), 865–891. https://doi.org/10.1017/s0954579405050418

Blair, R. (2008). The amygdala and ventromedial prefrontal cortex: functional contributions and dysfunction in psychopathy. Philosophical Transactions of the Royal Society B Biological Sciences, 363(1503), 2557–2565. https://doi.org/10.1098/rstb.2008.0027

Blair, R. J. R. (2013). The neurobiology of psychopathic traits in youths. Nature Reviews. Neuroscience, 14(11), 786–799. https://doi.org/10.1038/nrn3577

Boddy, C. R. (2010). Corporate psychopaths, bullying and unfair supervision in the workplace. Journal of Business Ethics, 100(3), 367–379. https://doi.org/10.1007/s10551-010-0689-5

Book, A., Costello, K., y Camilleri, J. A. (2013). Psychopathy and victim selection. Journal of Interpersonal Violence, 28(11), 2368–2383. https://doi.org/10.1177/0886260512475315

Book, A., Methot, T., Gauthier, N., Hosker-Field, A., Forth, A., Quinsey, V., y Molnar, D. (2015). The Mask of Sanity revisited: Psychopathic traits and affective mimicry. Evolutionary Psychological Science, 1(2), 91–102. https://doi.org/10.1007/s40806-015-0012-x

Cleckley, H. (1941). The mask of sanity: an attempt to clarify some issues about the so called psychopathic personality.. St. Louis: Mosby.

Coid, J., Yang, M., Ullrich, S., Roberts, A., y Hare, R. D. (2009). Prevalence and correlates of psychopathic traits in the household population of Great Britain. International Journal of Law and Psychiatry, 32(2), 65–73. https://doi.org/10.1016/j.ijlp.2009.01.002

Hare, R. D. (1999). Without conscience: The disturbing world of the psychopaths among us. New York: Guilford Press.

Hart, S. D., y Hare, R. D. (1997). Psychopathy: Assessment and association with criminal conduct. In D. M. Stoff, J. Breiling, y J. D. Maser (Eds.), Handbook of antisocial behavior (pp. 22–35) 

Karpman, B. (1941). On the need of separating psychopathy into twodistinct clinical types: The symptomatic and the idiopathic. Journal of Criminology and Psychopathology, 3, 112–137.

Kiehl, K. A. (2006). A cognitive neuroscience perspective on psychopathy: Evidence for paralimbic system dysfunction. Psychiatry Research, 142(2–3), 107–128. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2005.09.013

Lilienfeld, S. O., Watts, A. L.,  Smith, S. F. (2015). Successful psychopathy. Current Directions in Psychological Science, 24(4), 298–303. https://doi.org/10.1177/0963721415580297

Lopez-Rónnero, L., Ronnero, E., y Villar, P. (2012). Relaciones entre estilos educativos parentales y rasgos psicopáticos en la infancia. Behavioral Psychology, 20(3), 603–623.

Lynam, D. R., y Miller, J. D. (2019). Psychopathy from a basic trait perspective: The utility of a five-factor model approach. Journal of Personality, 87(1), 122–136.

Patrick, C. J., Fowles, D. C., y Krueger, R. F. (2009). Triarchic conceptualization of psychopathy: Developmental origins of disinhibition, boldness, and meanness. Development and Psychopathology, 21(3), 913–938. https://doi.org/10.1017/s0954579409000492

Raine, A. (2018). Antisocial personality as a neurodevelopmental disorder. Annual Review of Clinical Psychology, 14(1), 259–289. https://doi.org/10.1146/annurev-clinpsy-050817-084819

Sanz-García, A., Gesteira, C., Sanz, J., y García-Vera, M. P. (2021). Prevalence of Psychopathy in the General Adult Population: A Systematic Review and Meta-Analysis. Frontiers in Psychology, 12, 661044. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.661044

Skeem, J., Johansson, P., Andershed, H., Kerr, M., y Louden, J. E. (2007). Two subtypes of psychopathic violent offenders that parallel primary and secondary variants. Journal of Abnormal Psychology, 116(2), 395–409. https://doi.org/10.1037/0021-843x.116.2.395

Skeem, J. L., y Cooke, D. J. (2010). Is criminal behavior a central component of psychopathy? Conceptual directions for resolving the debate. Psychological Assessment, 22(2), 433–445. https://doi.org/10.1037/a0008512

Viding, E., y McCrory, E. (2019). Towards understanding atypical social affiliation in psychopathy. The Lancet Psychiatry, 6(5), 437–444

Yang, Y., y Raine, A. (2009). Prefrontal structural and functional brain imaging findings in antisocial, violent, and psychopathic individuals: A meta-analysis. Psychiatry Research Neuroimaging, 174(2), 81–88. https://doi.org/10.1016/j.pscychresns.2009.03.012