Seleccionar página

Dolor y sufrimiento

 

 

 

 

Mónica Mohedas Rodríguez

 

El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”

 

Esta frase, que atraviesa filosofías y culturas, es esencial en el budismo y fue retomada por autores como Cyrulnik, B. (2001) en su investigación acerca de la resiliencia. Contiene una verdad profunda en el sentido de que si bien no podemos evitar el dolor, sí tenemos la capacidad de aprender a interactuar con él y procesarlo sin que derive en sufrimiento.

En nuestra sociedad actual, y más concretamente en las más avanzadas, los principales malestares psicológicos de hoy deben su mantenimiento y empeoramiento a cuestiones como la ansiedad por la felicidad, el incremento desmesurado de las expectativas, la excesiva necesidad de control, y en general, la búsqueda de un bienestar constante en nuestras vidas (Vidal, 2010).

Tarde o temprano, el dolor forma parte de nuestra experiencia. Podría tratarse de una enfermedad, una separación, una pérdida o cambios inesperados… . Aunque luchemos contra ello, el dolor es inevitable y nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Pero, ¿qué sucede con el sufrimiento? ¿Es igual que el dolor? No necesariamente; frecuentemente empleamos los dos términos como si fueran sinónimos, aunque no son lo mismo.

 

En este artículo descubriremos cómo diferenciar entre dolor y sufrimiento y encontrar un sentido de vida profundo incluso en los momentos más difíciles, porque comprender esto, es aliviar. El dolor es una parte inevitable de la experiencia humana, pero el sufrimiento, en muchas ocasiones, es una elección. Desde diferentes enfoques psicológicos mostraremos cómo poder ayudar a transformar el sufrimiento en crecimiento y dar significado y propósito a nuestra experiencia, construyendo una vida más plena, basada en valores.

 

 

Dolor y sufrimiento: ¿qué son y en qué se diferencian?

 

Durante décadas, los fenómenos emocionales que tenían que ver con el sufrimiento humano han sido estudiados desde la psicología, medicina y otras ciencias. En nuestro lenguaje cotidiano, solemos usar términos como dolor, sufrimiento, trauma, duelo y angustia como si fueran lo mismo, pero no lo son. Cada uno tiene un significado propio y requiere un abordaje distinto. Comprender estas diferencias es clave para poder acompañar mejor a quienes atraviesan momentos difíciles y para encontrar estrategias que alivien el malestar (Cassell, 2020; Van der Kolk, 2021).

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) define el dolor como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a daño tisular real o potencial” (IASP, 2020). Es decir, el dolor tiene una base física o psicofisiológica, aunque también puede estar influido por factores emocionales y cognitivos. Podemos sentir dolor por una fractura, una enfermedad, una inflamación, pero también por procesos psicológicos.

El sufrimiento, en cambio, es más complejo. Cassell (2020) lo describe como una amenaza a la integridad del ser, vinculada a la pérdida de significado”. No depende necesariamente de un daño físico: podemos sufrir sin sentir dolor corporal, por ejemplo, ante una traición, una pérdida de sentido vital o una crisis existencial. Bayés (1998) añade que el sufrimiento surge cuando percibimos una amenaza importante para nuestra integridad física o emocional y sentimos impotencia para afrontarla.

 

 

Podríamos conceptualizar y diferenciar Dolor y Sufrimiento de la siguiente manera:

 

DOLOR: es el malestar físico o emocional inevitable que surge de nuestra experiencia vital, es una experiencia sensorial y natural (física o emocional) que nos acompaña en nuestra vida, es universal, una parte inherente de la condición humana.

Es una señal vital, por ejemplo en forma de dolor físico por una lesión, generando así una alerta vital para la supervivencia o emocional como la ira por una infidelidad, la tristeza por la pérdida de un ser querido o la rabia por una injusticia. Dolor emocional que refleja que algo importante para nosotros está en riesgo o se ha perdido.

 

SUFRIMIENTO: es la respuesta psicológica añadida y evitable. Es la interpretación y reacción a esa sensación de dolor. Es la capa adicional de malestar que se forma sobre el dolor, alimentada por nuestra lucha interna, la resistencia y las historias que construimos en nuestra mente.

El sufrimiento serían las barreras que nos impiden sanar y reparar ese dolor llegando a uno mismo. Podríamos incluir aquí entre otros, creencias disfuncionales y limitantes cómo “¿por qué a mí?”,“esto no debería haber pasado”,“no soy capaz”; la evitación experiencial; la necesidad de control; miedos; educación traumática en la infancia; falta de adaptación; los estándares sociales, pensamientos rumiativos cómo la injusticia de una situación, etc. Es un proceso interno complejo influenciado por nuestra percepción interna y externa, así como por nuestros valores y creencias.

 

 

Para entender más esta diferencia, veamos los siguientes ejemplos:

– Una mujer en trabajo de parto experimenta dolor intenso, pero no sufre si interpreta ese dolor como parte del camino hacia un hijo deseado. Por el contrario, alguien que recibe un diagnóstico grave puede no sentir dolor físico, pero sufrir profundamente por la incertidumbre y la pérdida de control sobre su vida.

– Ante el fallecimiento de Alex, de 13 años de edad, el padre se dirige al hijo menor y le dice: “mamá no nos puede ver tristes hijo, tenemos que ser fuertes y no nos puede ver llorar. Nuestro deber ahora es cuidarla.”. Ante el dolor natural e inevitable de la muerte de Álex, el mensaje del padre genera en el hijo sufrimiento, no le acompaña en su dolor natural ni valida lo que siente.

 

 

Por qué es importante diferenciarlos

 

Confundir dolor y sufrimiento puede llevarnos a utilizar estrategias ineficaces. El sufrimiento, necesita un abordaje más profundo que incluya estrategias psicológicas, reflexiones sobre el sentido de la vida y apoyo social. Como señala Callahan (2001), la medicina moderna ha avanzado mucho en aliviar el dolor físico, pero sigue siendo insuficiente para paliar el sufrimiento que acompaña a la enfermedad, la pérdida o la muerte.

 

Comprender esta diferencia nos va a permitir:

  • Aceptar el dolor como parte de la vida, sin añadir capas y variables de sufrimiento.
  • Identificar qué depende de nosotros como nuestra actitud ante el dolor, nuestros valores y qué no como la enfermedad, la pé
  • Buscar sentido al dolor puede transformar el sufrimiento en una oportunidad de crecimiento y sanción, en lugar de quedar atrapados.

 

 

Cómo afrontarlos: claves desde la psicología

 

Viktor Frankl, psiquiatra y creador de la Logoterapia, sobrevivió a los campos de concentración nazis y descubrió que quienes encontraban un propósito tenían más probabilidades de resistir. Su frase más conocida resume esta idea: Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo” (Frankl, 2004). Este enfoque propone que, aunque no podamos cambiar ciertas circunstancias, sí podemos elegir nuestra actitud y buscar sentido en ellas, transformando nuestra experiencia. Ese sentido puede hallarse en:

  • Proyectos significativos aunque sean pequeños.
  • Relaciones y vínculos.
  • Valores personales como la solidaridad, creatividad y la espiritualidad.

 

Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), que busca dejar de luchar contra lo inevitable, (Hayes et al., 2014) parte de una premisa clara en la que el sufrimiento surge cuando luchamos contra experiencias internas que no podemos controlar. El sufrimiento surge de la resistencia mental a aceptar la experiencia, creando un ciclo de frustración, miedo o rabia que empeora la situación. Sus pilares son:

  • Aceptación: abrirse a la experiencia sin resistencia.
  • Compromiso: con nuestros valores personales.
  • Acción: para tomar medidas coherentes con esos valores, incluso en presencia de malestar.

 

Ejemplo: una persona con dolor crónico puede seguir participando en actividades que le importan como podría ser pasar tiempo con su familia en lugar de aislarse esperando a que el dolor desaparezca.

La frase El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” refleja la esencia de la resiliencia: la capacidad de adaptarse y encontrar recursos internos para seguir adelante. Cyrulnik (2009) señala que la resiliencia no consiste en evitar el dolor, sino en transformarlo en aprendizaje y crecimiento. El budismo, por su parte, enseña que la resistencia al dolor genera sufrimiento, mientras que la aceptación abre la puerta a la serenidad.

 

 

Herramientas para el bienestar: De la Resistencia a la Aceptación

 

Para aliviar el sufrimiento no basta con esperar que desaparezca. Necesitamos aprender a adaptarnos y a relacionarnos de otra manera con nosotros mismos, con lo que sentimos y pensamos. Esto implica cambiar cómo respondemos ante el dolor en lugar de luchar contra ello.

En terapia se trabaja para identificar esos patrones que nos hacen daño, comprender cómo influyen en nuestra vida y aprender a sanarlos. También se fomenta la aceptación de emociones difíciles, dejando de luchar contra ellas y enfocándonos en lo que realmente importa para nosotros, cuál es nuestro propósito en la vida. Además, se invita a tomar conciencia del presente, reconociendo bloqueos internos y emociones que nos generan malestar, para poder afrontarlos con recursos más saludables. Este proceso no elimina el dolor, pero sí reduce las capas de sufrimiento que se añaden y nos permite recuperar bienestar y sentido.

  • Acepta el dolor como parte de la vida: no significa resignación, sino dejar de luchar contra lo inevitable. Estudios muestran que la aceptación reduce la intensidad percibida del dolor crónico y mejora la calidad de vida (Hayes et al., 2014).
  • Identifica lo que depende de ti: tu actitud, tus acciones, tus valores.
  • Clarifica tus valores, tu dirección de vida: escribe qué es importante para ti y busca pequeñas acciones alineadas con ello.
  • Practica mindfulness: dedica unos minutos al día a observar tu respiración y tus sensaciones sin juzgarlas.
  • Busca sentido en lo cotidiano: incluso en medio de la dificultad, pregúntate: ¿qué puedo aprender? ¿cómo puedo ayudar a otros?. La búsqueda de sentido no elimina el dolor, pero puede transformar la experiencia y disminuir el sufrimiento (Frankl, 2004).
  • Habla de lo que sientes: compartir tu experiencia con alguien de confianza o con un profesional puede aliviar la carga emocional.

 

 

Conclusión

 

No podemos evitar el dolor ya que forma parte de la condición humana. Es una realidad ineludible  que nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida, pero el sufrimiento no tiene por qué ser tu destino. Podemos decidir cómo relacionarnos con él. Comprender la diferencia entre dolor y sufrimiento nos alivia y da poder, el poder de elegir, de aceptar, de actuar según nuestros valores y de encontrar sentido incluso en medio de la adversidad.

Como decía Frankl, la vida nunca deja de tener sentido, incluso en el sufrimiento”.

 

 

 

Referencias Bibliográficas

 

Cyrulnik, B. (2001). La Maravilla del Dolor. El Sentido de la Resiliencia. Barcelona: Granica.

García, S. T. (2011). ¿ Hay un origen del proceso resiliente? Una lectura de la maravilla del dolor de Boris Cyrulnik. Psicogente, 14(25), 164-177.

International Association for the Study of Pain. (2020). IASP announces revised definition of pain.
https://www.iasp-pain.org/publications/news/iasp-announces-revised-definition-of-
pain/

Bayés, R. (1998). Psicología del sufrimiento y de la muerte. Anuario de psicología, 29(4), 5-17.

Cassell, E. J. (2020). The nature of suffering and the goals of medicine (2nd ed.). Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/med/9780190204704.001.0001

Van der Kolk, B. A. (2021). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Ediciones Urano.

Vidal, F. L. (2010). Sufrimiento humano y contextos de ajuste terapéutico. Revista de investigación en psicología, 13(2), 231-242.