Accidente cerebrovascular o ictus

Principales secuelas

 

 

Por Alba Cuevas Ariza

 

ALGUNOS DATOS SOBRE EL ICTUS

El ictus es una enfermedad cerebral de origen vascular, por lo que también se conoce como accidente cerebrovascular (ACV). Se produce de manera súbita, y consiste en la interrupción del flujo sanguíneo que llega al cerebro. Como consecuencia de la falta de flujo sanguíneo, las neuronas no reciben la cantidad de oxígeno necesaria y dejan de funcionar.

 

Existen dos tipos de ictus:

  • Ictus isquémico. Este tipo de ictus se produce cuando hay una obstrucción en una arteria cerebral. La obstrucción puede estar causada por un trombo o por un coágulo de sangre. Como consecuencia, el flujo sanguíneo se ve interrumpido de manera parcial o total, por lo que no llega la suficiente cantidad de oxígeno al cerebro. Este tipo de ictus es el más prevalente, representando entre el 85-90% de los casos.
  • Ictus hemorrágico. Este tipo de ictus se produce cuando se rompe un vaso sanguíneo, bien sea una arteria o una vena. Como consecuencia, se forma una hemorragia dentro del cerebro y no llega el oxígeno suficiente a las células nerviosas. Este tipo de ictus es el menos frecuente, únicamente el 10-15% de los casos.

Conviene destacar que el ictus es la primera causa de discapacidad adquirida en adultos, puesto que afecta a entre 500 y 600 personas por cada 100.000 habitantes. Un estudio realizado en España revela que hasta un 45% de los pacientes presentan, tres meses después del ictus, discapacidad moderada o severa.

 

A continuación, se describen los síntomas más habituales:

  • Pérdida de fuerza en la mitad del cuerpo, incluyendo cara, brazo y pierna
  • Dificultad o incapacidad para hablar
  • Hiposensibilidad u hormigueo en la mitad del cuerpo
  • Pérdida de visión en uno de los ojos
  • Dolor intenso de cabeza
  • Pérdida de equilibrio y coordinación

Una vez se detectan alguno de estos síntomas, es muy importante acudir de manera precoz a un centro hospitalario. Cabe destacar que el tratamiento del ictus se lleva a cabo a través de un equipo multidisciplinar que incluye neurólogo, psicólogo, logopeda o fisioterapeuta, entre otros profesionales. 

 

PRINCIPALES SECUELAS TRAS UN ICTUS

Un ictus puede afectar de manera significativa a la calidad de vida del paciente, puesto que de esta patología se derivan diversas consecuencias a nivel cognitivo tales como afasia, algunos tipos de demencias, heminegligencia, cambios en la personalidad, alteraciones conductuales y alteraciones psicopatológicas. Antes de comentar algunas de estas en profundidad, se van a definir algunos términos.

  • Afasia: Trastorno del lenguaje caracterizado por la dificultad o incapacidad de comunicarse, ya sea por problemas de comprensión o de expresión, bien en el habla o en la escritura. Existen diversos tipos de afasia en función de las características clínicas que presente el paciente y el lugar de la lesión.
  • Demencia: Hace referencia a la afectación de ciertas funciones cerebrales como la memoria, el pensamiento o el comportamiento. Existen diversos cuadros clínicos englobados bajo el nombre de demencia.
  • Heminegligencia: Incapacidad para atender, detectar o responder a estímulos presentados en el campo visual opuesto al lado de la lesión cerebral. Es un trastorno muy común que aparece como consecuencia de una lesión cerebral.

 

A continuación, se van a detallar en profundidad las secuelas psicológicas. En este grupo se incluyen los cambios de personalidad, las alteraciones conductuales y las alteraciones psicopatológicas.

  • Irritabilidad y agresividad. Es una de las secuelas más comunes entre los pacientes. Implica una pérdida de control ante situaciones que resultan frustrantes, ya que estas personas presentas reacciones extremas. Se pueden manifestar de manera verbal o física, y dirigirse hacia personas o hacia objetos.
  • Los pacientes tienden a priorizar sus necesidades, sin tener en cuenta las necesidades de la otra persona ni sus emociones. Esto supone un gran problema, principalmente porque la falta de tolerancia a la frustración provoca alteraciones conductuales si sus necesidades no se satisfacen.
  • Apatía. Hace referencia a la falta de motivación e interés en general por las actividades de la vida cotidiana, especialmente para aquellas actividades que antes del ictus resultaban gratificantes. Es una de las consecuencias que más repercuten en el comportamiento.
  • Rigidez en el pensamiento. Como consecuencia de un déficit en planificación, estos pacientes tienen muchas dificultades a la hora de modificar planes o acciones que ya estaban establecidos.
  • Baja tolerancia a la frustración. Esto provoca reacciones intensas de llanto y enfado cuando la persona experimenta el fracaso realizando una tarea. Cabe destacar que la presencia de un cuadro depresivo favorece la aparición de estas reacciones, aunque se diferencian en que estas últimas aparecen en forma de episodio puntual.
  • Ansiedad y/o depresión. Con frecuencia aparecen síntomas ansioso-depresivos como sentimientos de soledad, pérdida de esperanza o sentimientos de rechazo. Estos síntomas pueden ser consecuencia del daño cerebral, pero también pueden derivar del duelo que supone la pérdida de capacidades que antes se poseían.
  • Dificultad en la regulación y expresión emocional. A menudo, estos pacientes presentan dificultades para regular y expresar sus emociones. En este sentido, pueden expresar sus emociones de manera inadecuada en cuanto a frecuencia, intensidad o duración, aunque también puede ocurrir que la emoción que expresan no sea congruente con el contexto.
  • Desinhibición. A causa de un déficit en las funciones ejecutivas, puede ocurrir que la persona no controle sus impulsos y actúe sin tener en cuenta las consecuencias de su comportamiento. Por este motivo, aparecen conductas que distan de aquellas aceptadas socialmente.
  • Los delirios aparecen en ocasiones, y pueden causar confusión y cambios en el comportamiento. Se pierde el contacto con la realidad, y aparecen problemas de atención y de conciencia.
  • La anosognosia hace referencia a la falta de conciencia que tiene una persona sobre su patología, en este caso sobre la discapacidad. Es decir, la persona no percibe sus déficits, no es consciente de su enfermedad.
  • Enlentecimiento en el procesamiento cognitivo de la información.
  • Aislamiento social, debido principalmente a los problemas para involucrarse en conversaciones y actividades cotidianas con los demás.
  • Déficits cognitivos en memoria de trabajo, planificación, resolución de problemas o atención.

 

PAPEL DEL ENTORNO

Como en todas las enfermedades, el papel del entorno es fundamental en la recuperación del paciente. Es importante tener en cuenta que el impacto emocional que provoca la enfermedad no tiene efecto solo sobre el paciente, si no también sobre la familia. En este sentido, es importante tener algunos aspectos en cuenta de cara a la organización y el afrontamiento familiar:

  • Es importante rediseñar los roles familiares, de manera que algún miembro de la familia debe asumir las funciones de la persona afectada, aunque sea de manera temporal.
  • Definir un cuidador principal. Este papel conlleva una fatiga muy grande, por lo que también hay que promover el autocuidado del cuidador principal.
  • Mantener la enfermedad en su lugar. No se puede negar la situación nueva que ha sobrevenido a la familia, pero hay que saber mantener la vida con la mayor normalidad posible y no dejar que la enfermedad inunde todos y cada uno de los momentos del día.
  • Apoyo social. Es importante buscar apoyo en allegados, conocidos e incluso en grupos de apoyo formados por familias pasando situaciones similares.

Que el entorno familiar de la persona se encuentre sano y se sienta apoyado es esencial en la recuperación del paciente. Por eso, aunque a veces solo se pone el foco en el paciente, hay que tener muy presente a su familia y favorecer que pongan en marcha sus recursos para hacer frente a la nueva situación familiar.

 

 

BIBLIOGRAFÍA