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Apego adulto, cómo influye nuestra infancia

 

en nuestras relaciones románticas

 

 

 

 

 

Irini Patrinós Roa

 

¿Qué es el apego?

 

El apego es el vínculo que se establece en la infancia entre un bebé y sus figuras cuidadoras. Este vínculo tiene la función principal de protección, ya que esta relación afectiva es la que provee al menor de sus necesidades y cuidados básicos, como la alimentación, el sueño y la seguridad.

El vínculo se establece entre el bebé y su principal figura cuidadora (típicamente la madre) en el primer año de vida, mediante la proximidad y el contacto entre ellos, y a su vez, genera  las conductas de apego que se observan sobre todo en el segundo año de vida.

 

Existen diferentes tipos de apego dependiendo de la respuestas recibidas en la infancia:

Apego seguro: los niños que establecen este patrón de apego han recibido un trato sensible y consistente por parte de sus cuidadores, caracterizado por una alta sensibilidad maternal, con conductas de refuerzo y cariño, que les han hecho sentir confianza y seguridad hacia el adulto. Es por esto que desarrollan estrategias de afrontamiento seguras y de búsqueda de sus cuidadores en momentos de consuelo.

Apego inseguro: estos patrones se consideran negativos ya que aumentan el riesgo de desarrollar estrategias desadaptativas de ajuste al medio.

  • Apego evitativo: en este caso, la figura cuidadora responde a las necesidades del menor de manera evitativa, y evita las necesidades del menor ignorándole en situaciones de distrés o incluso enfadándose con este. Como consecuencia, estos niños utilizan la evitación como estrategia de afrontamiento, evitando la expresión de emociones negativas y evitando a sus cuidadores.
  • Apego ambivalente: en este caso, la figura cuidadora responde de manera inconsistente a las necesidades del menor, a veces  sirven de base de consuelo, mientras que otras aumentan el malestar del menor. Como consecuencia, estos niños muestran respuestas tanto de aproximación como de enfado y resistencia hacia sus cuidadores.

Apego desorganizado: este es un tipo de apego que solo se desarrolla en el caso del 15% de la población perteneciente a la clase media, y en mayor porcentaje en la población de clase baja con condiciones desadaptativas. Este patrón de apego es típico de infancias caracterizadas por el abuso físico y psicológico, y maltrato, dado que en esas situaciones la figura de apego representa una figura de consuelo y miedo a la vez. En estos casos, el menor desarrolla estrategias desadaptativas como la hostilidad o la disociación.

 

El niño, mediante su figura cuidadora, interactúa con su entorno y recibe respuestas a sus necesidades, y a lo largo de los primeros años de vida construye modelos operativos internos o de trabajo. Estos modelos organizan toda la información recibida sobre la disponibilidad de su principal figura cuidadora y las respuestas que da a sus necesidades, y determinan las estrategias de afrontamiento que desarrolla el menor y la visión sobre los demás y sobre el mundo.

Además, estos modelos internos condicionan su comportamiento. Es por esto que, los niños con apego seguro aprenden que su madre sí muestra sensibilidad y acuden a ella ante la necesidad de consuelo, mientras que los niños con apego evitativo, ante la necesidad de consuelo no acudirán a su madre por el temor de que esta se enfade con ellos o les ignore.

Los modelos operativos internos definen los patrones de conducta de estos menores, que se mantienen relativamente estables a lo largo de la vida, por lo que también se pueden observar en la etapa adulta.

 

 

Tipos de apego adulto

 

Hazan y Shaver decidieron aplicar los modelos de apego de la infancia a las relaciones adultas, y realizaron una investigación en la que los participantes debían indicar en qué medida se sentían identificados con las descripciones correspondientes a los tres estilos de apego (apego seguro, apego evitativo y apego ambivalente). Los resultados confirmaron la correlación entre la clasificación del apego en la infancia y en la edad adulta (por ejemplo, aquellos que en la infancia desarrollaron un apego evitativo mostraban el mismo patrón en la edad adulta).

Por tanto, el apego establecido en la infancia se consolida y determina las interacciones de la persona y su estilo relacional mediante la organización de los modelos internos. De esta manera, este estilo relacional se mantiene a lo largo de la vida adulta, determinando las relaciones sociales de la persona (relaciones familiares, de amistad y románticas).

 

Así, estos autores definieron tres modelos de apego romántico:

Apego seguro: experimentan las relaciones románticas con una elevada confianza hacia su pareja (y en sí mismos), y una baja dependencia, por lo que son capaces de establecer límites en sus relaciones y mostrar una reciprocidad en el refuerzo de la relación (ambos aportan y ceden por igual). Sus relaciones están muy marcadas por las emociones positivas y muestran una mayor capacidad para resolver los conflictos interpersonales que surgen en la relación.

Apego ambivalente: vivencian las relaciones románticas con un elevado carácter obsesivo, debido al miedo al abandono surge un deseo de unión obsesivo, a veces definido como “pegajoso”, y a su vez muestran una búsqueda constante de refuerzo y reciprocidad que no consiguen saciar, debido a las altas expectativas. Por otro lado, también muestran desconfianza y celos fruto de su miedo a la soledad.

Apego evitativo: experimentan las relaciones románticas con un elevado sentimiento de rechazo hacia la intimidad debido a la desconfianza y la visión negativa del resto. Además, muestran una menor capacidad para aceptar los defectos de su pareja, como estrategia de evitación.

Otros autores, como Bartholomew y Horowitz, propusieron otra clasificación del apego adulto, que se dividía según dos componentes relevantes, la imagen sobre los demás y la imagen del self  (autoimagen).

 

Según esta clasificación, identifican cuatro tipos de apego:

Apego seguro: caracterizado por una  autoimagen positiva  y una imagen positiva de los demás. Es por esto que muestran una baja dependencia o alta autonomía, pero tampoco evitan las relaciones con los demás, dado que confían en ellos.

Apego evitativo – rechazante: caracterizado por una  autoimagen positiva y una imagen negativa de los demás.

Estas personas muestran también una baja dependencia, se sienten capaces por sí mismos, pero evitan a los demás, ya que desconfían de ellos.

Apego preocupado: caracterizado por una  autoimagen negativa  y una imagen positiva de los demás.

Muestran una alta dependencia, debido a su concepción negativa de sí mismos, y una concepción positiva de los demás. Les preocupa la visión que tienen los demás sobre ellos, ya que quieren agradarles.

Apego evitativo – temeroso: caracterizado por una  autoimagen negativa y una imagen negativa de los demás.

Muestran una elevada dependencia de los demás, por su concepción negativa de sí mismos y la falta de recursos propios, y evitan a los demás porque les generan desconfianza.

 

 

¿Cómo saber qué apego adulto tengo? – Métodos de evaluación

 

Para evaluar el apego adulto existen varios instrumentos, como los cuestionarios de autoinforme, que son el método de evaluación más utilizado por su mayor facilidad.

Un cuestionario de autoinforme que se utiliza a menudo por su brevedad de aplicación es el Cuestionario de Relación (RQ ), de los autores que propusieron la clasificación cuatripartita (Bartholomew y Horowitz). Elaboraron afirmaciones típicas correspondientes a cada uno de los cuatro estilos de apego (seguro, preocupado, rechazante, temeroso) que se deben puntuar del 1 al 7 en base al grado de acuerdo o identificación con la afirmación. Se evalúa cuánto se ha puntuado en cada estilo de apego, y además permite evaluar las dimensiones de ansiedad y autoimagen, y de evitación e imagen de los otros.

Otro cuestionario, aunque de mayor tiempo de aplicación y mayor complejidad de corrección, es el Cuestionario de Experiencia en las relaciones de pareja (C RP ). Este cuestionario contiene 36 ítems o enunciados que se deberán evaluar del 1 (totalmente en desacuerdo) al 7 (totalmente de acuerdo). Este cuestionario también permite evaluar los componentes de ansiedad y evitación.

Por tanto, se puede evaluar el apego adulto y el patrón relacional que tenemos cada uno, para conocerse mejor y mejorar, si cabe, las relaciones con nuestros seres cercanos.

 

En resumen, el apego en la infancia se forma a partir de las interacciones que tenemos con nuestro entorno, sobre todo con nuestras principales figuras cuidadoras. Todo esto condiciona nuestra futura interacción con el entorno, como nuestras primeras interacciones con amistades, nuestros gustos, hobbies… e incluso nuestras experiencias románticas, de tal manera que, nuestros miedos, desconfianzas, y nuestra visión sobre el mundo y sobre los demás seguirán presentes a lo largo de nuestro desarrollo. Es por esto que es importante ser consciente del trato y el cuidado que le damos a nuestros menores.

 

 

 

REFERENCIAS:

 

Yárnoz-Yaben, S., & Comino, P. (2011). EVALUACIÓN DEL APEGO ADULTO: ANÁLISIS DE LA CONVERGENCIA ENTRE DIFERENTES INSTRUMENTOS. Acción Psicológica, 8(2), 67-85.

Yárnoz-Yaben, S., Alonso-Arbiol, I., Plazaola, M., & Sainz de Murieta, L. (2001). Apego en adultos y percepción de los otros. Anales de psicología 17, 159-170

Holmes, J. (2004). Disorganized attachment and Borderline Personality Disorder: A clinical perspective. Attachment & Human Development 6 (2), 181-190

Ortiz Barón, M.J., Gómez Zapiain, J., y Apodaca, P. (2002). Apego y satisfacción afectivo-sexual en la pareja. Psicothema 14 (2), 469-475

Sierra García, P. (2011). EL VÍNCULO AFECTIVO DE APEGO: INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO. Acción Psicológica, 8(2), 5-7.

Benoit, D. (2004). Infant-parent attachment: Definition, types, antecedents, measurement and outcome. Paediatr Child Health 9(8), 541-545.