Seleccionar página

¿Por qué somos supersticiosos?

 

Psicología de la superstición

 

 

 

 

Ana María del Río Vega

 

¿Qué es la superstición?

 

La superstición podría definirse como un conjunto de prácticas y creencias que, sin tener ninguna base científica e incluso siendo contrarias a la razón, ya que no existe ninguna evidencia de su certeza, atribuyen una explicación mágica a la generación de algunos fenómenos, haciendo que se consolide una relación causa-efecto o correlación ilusoria en nuestro cerebro.

Detrás de esta conducta humana supersticiosa, se encuentra un tipo de aprendizaje no planeado, que nos hace creer que una conducta aleatoria, será seguida de algún tipo de éxito. Cuando realizamos cualquier acción y, de forma más o menos inmediata, sucede algo que consideramos deseado, es decir, un evento positivo, tendemos a repetir la acción previa, independientemente del hecho de que, aquello que consideramos positivo haya sucedido por cuestión de fortuna, y no por lo que hayamos hecho nosotros. Al crearse esta asociación causa-efecto, se genera en nuestro cerebro un sesgo cognitivo erróneo, que hará que tratemos de encontrar la forma de que suceda de nuevo dicho éxito mediante la repetición de la conducta aleatoria que lo precedió. En psicología del aprendizaje estaríamos hablando de reforzamiento positivo. En este caso, se intenta favorecer “mágicamente” que pase algo bueno.

Del mismo modo, cuando el objetivo de realizar la conducta “mágica” es evitar que suceda algo que consideramos aversivo o poco deseado, se estaría hablando de reforzamiento negativo. En este caso, el aprendizaje asociativo se basa en que al realizar una determinada conducta, evitamos que suceda algo que consideramos negativo. Evitamos “mágicamente” que pase algo malo.

 

 

¿Por qué mantenemos las supersticiones? ¿Cómo puede afectarnos la superstición?

 

Como se ha señalado, cuando nuestro cerebro juzga la información de manera prejuiciosa, aparece la superstición. Ese prejuicio o sesgo cognitivo, es una distorsión cognitiva en nuestra forma de percibir la realidad. Puesto que las supersticiones existen en todas las culturas, se puede decir que existe una variedad prácticamente infinita de ellas, ya que además, cada persona puede llegar a desarrollar su propia superstición.

Psicológicamente, las supersticiones pueden llegar a aportar más seguridad y una mayor sensación de control ante situaciones en las que sentimos no tenerlo. Se trata de un intento de influir sobre los sucesos, con la idea de modificar un posible resultado para conseguir algo.

Las supersticiones pueden convertirse en aliadas para reducir el nivel de ansiedad que nos genera el hecho de enfrentamos a situaciones nuevas y desconocidas, a algo que en un principio, parece que se escapa a nuestro control. Por lo tanto, se podría deducir que ser supersticioso no es malo, ya que como se ha explicado, experimentar una sensación de control sobre distintas circunstancias y situaciones vitales, nos genera cierto beneficio psicológico.

Sin embargo, como suele suceder en otros ámbitos, si se superan ciertos niveles puede convertirse en un problema. Además, las supersticiones hacen que confiemos menos en nosotros mismos, lo que puede afectar a nuestro nivel de rendimiento, que probablemente se vea reducido si no se realizan ciertos rituales. No sólo nos infravaloramos, sino que el mérito que deberíamos darnos a nosotros mismos, se lo damos a ese ritual supersticioso que, en realidad, no tiene ningún valor.

Cuando las supersticiones interfieren de manera patológica en la vida normal de una persona, pueden aparecer síntomas relacionados con algún trastorno, como el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Este sería el caso de depender de una conducta hasta el punto que, dejar de realizarla nos haga sentir una gran inseguridad, vulnerabilidad o la sensación de que no somos capaces de hacer nada.

 

 

Superstición y TOC

 

Ante todo, conviene puntualizar que el hecho de realizar determinadas conductas supersticiosas, no implica necesariamente desarrollar este tipo de trastorno. Las personas supersticiosas pueden presentar estas conductas de manera puntual, pero sin perder el control de su propia vida, como por ejemplo, intentar no volar el día 13, no pasar por debajo de una escalera, etc. En estos casos, dichos comportamientos no les generan niveles de ansiedad relevantes, ni condicionan su vida.

Las personas con TOC de superstición o de pensamiento mágico sienten la necesidad de realizar y/o evitar ciertos comportamientos para que no se produzcan consecuencias negativas. Creen que realizando lo que les dicta el pensamiento evitan que les suceda algo malo a ellos o a su entorno. Aunque en realidad son conscientes de la irracionalidad y falta de sentido de dichos pensamientos intrusivos, cuando estos aparecen, obedecen inmediatamente y realizan la conducta que estos les dictan. La persona que sufre este tipo de trastorno, se siente incapaz de ignorarlos, ya que en esos momentos, la inseguridad se apodera de ella, se disparan los niveles de ansiedad y aparecen síntomas como nerviosismo, aumento de la frecuencia cardíaca, sensación de pánico, sudoración, etc. Con el fin de evitar las tan temidas consecuencias negativas, la persona comienza a realizar las compulsiones destinadas a calmar sus obsesiones o pensamientos.

Existen compulsiones motoras y mentales. Se trata de una serie de conductas y actos asociados a obsesiones concretas, que la persona realiza de manera estereotipada con el objetivo de reducir la ansiedad provocada por los pensamientos intrusivos, es decir, por la obsesión. De esta forma, la persona utiliza las compulsiones para controlar dicha obsesión, pasan a ser su mecanismo de afrontamiento para mitigar la ansiedad y el sufrimiento que les provocan estos pensamientos.

En estos casos, el problema es que con el paso del tiempo, la compulsión va perdiendo la supuesta efectividad que tiene para la persona con TOC. El poder otorgado a la compulsión para reducir los niveles de ansiedad generados por la obsesión, junto con la sensación relajante que experimenta la persona que la realiza, hace que dicha compulsión se convierta en una necesidad de primer orden y que se recurra a ella cada vez que aparezca la obsesión, por lo que la compulsión, no solo es cada vez más intensa y exigente, sino que también empieza a ser menos efectiva y la persona puede llegar a perder el control de su propia vida.

 

 

¿Qué tipo de tratamiento es el más efectivo cuándo ya no se trata sólo de superstición?

 

Tal y como se ha descrito en el apartado anterior, a veces nos encontramos ante situaciones que van más allá de la mera superstición, en los que la frecuencia e intensidad de las compulsiones interfieren en la vida de una persona y en su salud mental. En estos casos, es necesario abordar un proceso de terapia. Bajo criterio clínico, es posible la combinación del tratamiento farmacológico con la intervención psicológica.

Por lo que se refiere al tratamiento psicológico del TOC, el mayor número de evidencias en cuanto a eficacia a todos los niveles de gravedad del trastorno, corresponde a la terapia cognitivo-conductual. Según las guías de uso clínico, la exposición con prevención de la respuesta (EPR) es un componente muy relevante.

Si bien es cierto que la intensidad de las obsesiones puede reducirse farmacológicamente, resulta también fundamental, que la persona aprenda en terapia estrategias que le permitan romper el círculo vicioso que existe entre la obsesión y la compulsión, lo que le ayudará a mejorar de un modo más rápido y consciente y a retomar poco a poco el control de su vida, alcanzando de manera gradual, un nivel más alto de bienestar psicológico.

 

 

Referencias:

 

Vyse, S. (1997). Believing in Magic: The Psychology of Superstition. Oxford University Press.

Belloch, A., García-Soriano, G. y Giraldo, M. (2020). Trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados. En A. Belloch, B. Sandín y F. Ramos, (Eds.), Manual de psicopatología. Vol. II (135-198). McGraw-Hill.

Matute, H. (1993). Efectos de la incontrolabilidad en humanos: ¿indefensión o superstición? Revista de Psicología General y Aplicada, 46(4), 421–427.

Matute, H. (1996). Illusion of control. Detecting response outcome independence in analytic but not in naturalistic conditions. Psychological Science, 7, 289-293.