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Comunicación no violenta

 

 

 

Gisella Brandi

 

En ocasiones, cuando algo nos incomoda o nos genera frustración, buscamos la forma más rápida de expresarlo. En esos momentos no siempre encontramos las palabras más adecuadas y es habitual que utilicemos expresiones que salen casi de manera automática. Queremos que la otra persona entienda lo que nos ocurre, pero la forma en que lo comunicamos puede generar un efecto diferente al que pretendíamos.  

Cuando nos dirigimos a alguien con expresiones como “siempre estás distraído”, “otra vez lo mismo” o “nunca llegas puntual”, normalmente intentamos transmitir algo que nos molesta en un momento concreto. Sin embargo, este tipo de formulaciones convierten un hecho puntual en una crítica global, como si estuviéramos describiendo un rasgo estable de la otra persona en lugar de lo que acaba de ocurrir. Cuando esto sucede, es probable que la otra persona deje de escucharnos para ponerse a la defensiva, dificultando cualquier intento de diálogo constructivo (Gottman, 1994).

 

Esta manera de reaccionar tiene mucho que ver con cómo funciona nuestra atención en los momentos de tensión. En este sentido, Daniel Goleman (1995) nos explica al hablar de inteligencia emocional que la forma en que gestionamos lo que sentimos influye directamente en cómo nos expresamos y en cómo la otra persona recibe nuestro mensaje. Cuando somos presas de emociones fuertes, estas acaban tomando el control de nuestra atención y el resultado es que nos fijamos en lo que nos altera y nos olvidamos de todo lo demás. Cuando una emoción muy intensa nos supera, acaba ocupando toda nuestra atención y terminamos fijándonos únicamente en aquello que nos está generando malestar, dejando en segundo plano todo lo demás.

 

 

El origen de la Comunicación No Violenta (CNV)

 

Marshall Rosenberg (2013) consideraba este tipo de expresiones comunicación violenta, una forma de hablar que puede generar distancia o desconexión incluso cuando no pretendemos causar daño. Según Rosenberg (2013), muchas de estas maneras de comunicarnos se aprenden desde la infancia y terminan integrándose en nuestro lenguaje habitual, de modo que recurrimos a ellas de forma automática sin ser conscientes del impacto que tienen en la relación.

A partir de esta idea, Rosenberg (2013) desarrolló la Comunicación No Violenta (CNV), un enfoque que busca ayudarnos a expresarnos de manera más clara, empática y consciente.

La CNV subraya la importancia de cuidar la manera en que expresamos lo que sentimos para evitar que la otra persona lo reciba como un juicio cuando en realidad queremos referirnos a algo en concreto. No se trata de suavizar el malestar ni de complacer, sino que podamos explicar la situación de una manera que permita que el otro la escuche sin sentirse atacado.

Rosenberg señala que la CNV está formada por dos partes. Por un lado, aprender a expresar lo que sentimos y necesitamos de una manera clara y honesta que no resulte ofensivo. Por otro lado, desarrollar la capacidad de escuchar al otro con empatía sin ponernos a la defensiva.

 

 

Primera parte de la CNV. Los 4 pilares

 

Esta primera parte de la propuesta de CNV de Rosenberg (2013) se fundamenta en cuatro principios que nos servirán como herramientas prácticas para comunicarnos con mayor claridad:

 

  • Observar sin juzgar. Describir lo que hemos visto de una manera objetiva, sin emitir evaluaciones y evitando generalizar con palabras como “siempre” o “nunca”.

 

  • Identificar lo que sentimos. Reconocer y expresar cómo nos sentimos con respecto a los hechos. Es importante conectar con nuestras emociones e identificarlas para no mezclarlas con nuestros pensamientos. De esta manera podemos hablar desde lo que realmente nos pasa y no desde lo que imaginamos del otro.

 

  • Reconocer nuestras necesidades. Identificar qué necesidad no está siendo cubierta o se está viendo afectada en una determinada situación. Como, por ejemplo, respeto, apoyo o protección

 

  • Expresar una petición. El último paso consiste en formular una petición clara, específica y realista que pueda mejorar la situación. En la Comunicación No Violenta, una petición no se formula como una obligación, sino como una propuesta abierta a la cooperación. Esto implica que la otra persona pueda sentirse con la libertad de aceptar, rechazar o plantear alternativas sin miedo a ser juzgada.

 

En este punto resulta imprescindible distinguir entre una petición y una exigencia. Aunque puedan parecer lo mismo, la diferencia radica en la intención con la que se expresan. Una petición expresa nuestro deseo sin imponer y permite que la otra persona elija libremente, incluso si su respuesta es negativa, sin temor a críticas o consecuencias. En cambio, la exigencia aparece cuando la otra persona siente que no tiene opción de negarse. Percibe que, si no accede a lo que pedimos, se expondrá a reproches o al sentimiento de culpa.

 

 

Segunda parte de la CNV

 

En la CNV, Rosenberg explica que no basta con aprender a decir lo que sentimos y necesitamos. La segunda parte del proceso tiene que ver con cómo escuchamos a la otra persona. Para él, Para Rosenberg, la empatía consiste en prestar atención a lo que la otra persona está viviendo en ese momento, dejando a un lado nuestras interpretaciones y tratando de comprender cómo se siente realmente.

 

 

Cómo ponerlo en práctica

 

En un entorno laboral, supongamos que un compañero se comprometió a enviarte ayer los datos para un informe que tienes que presentar mañana, pero todavía no los has recibido. Una forma automática de responder sería “es que siempre lo dejas todo para el final y me toca a mi correr por tu culpa”. Aplicando los cuatro ejes de la CNV podríamos transmitirle nuestro mensaje de la siguiente manera:

 

Observación: He visto que todavía no me has enviado los datos para el informe que tengo que presentar mañana.

Sentimiento: Me siento preocupado y estresado.

Necesidad: Para mi es importante tener esos datos para poder revisarlos con margen antes de la entrega

Petición. ¿Podrías enviármelos hoy antes de las 17:00 o confirmarme si has tenido algún contratiempo para que busquemos juntos una solución?

 

En un entorno familiar, imagina que tu hijo o hija se comprometió a lavar los platos del desayuno, y cuando llegas a casa, ves que siguen en el fregadero. De manera automática, la respuesta ante esta frustración podría ser “Siempre haces lo mismo, tengo que hacerlo todo yo porque nunca haces nada”. Si seguimos los cuatro ejes de la CNV, nuestra reacción podría ser la siguiente:

 

Observación: He visto que los platos del desayuno todavía están en el fregadero.

Sentimiento: Me siento frustrado y agotado.

Necesidad: Para mi es importante el orden y que todos colaboremos en las tareas del hogar.

Petición. ¿Podrías lavarlos ahora? Si te ha surgido algún imprevisto y necesitas que repartamos las tareas de otra forma, dímelo y nos reorganizamos.

 

 

Conclusión

 

Adoptar estos cuatro ejes de la Comunicación No Violenta no significa que hablemos de manera rígida o perfecta. Más bien, implica hacer una pequeña pausa antes de transmitir nuestro mensaje de forma automática. No se trata de evitar el conflicto, sino de comunicarlo de una manera asertiva y colaborativa en la que ambas partes puedan sentirse escuchadas y respetadas. Esta pequeña pausa reflexiva funciona como una herramienta que nos ayuda a elegir las palabras para obtener lo que necesitamos y cuidar el vínculo con los demás, al mismo tiempo que desactiva nuestras reacciones automáticas para encontrar una respuesta que favorezca el entendimiento mutuo (Burgoon et al., 2000).

De la misma manera, la segunda parte de la CNV, centrada en escuchar a la otra persona, ayuda a que la conversación no se bloquee. Cuando intentamos entender lo que quiere transmitir sin reaccionar a la defensiva, es más fácil que ambas partes puedan explicarse y avanzar. Expresar lo que sentimos y escuchar se complementan y hacen que la comunicación sea más clara.

 

 

 

Referencias

Burgoon, J. K., Berger, C. R., y Waldron, V. R. (2000). Mindfulness and interpersonal communication. Journal of Social Issues, 56(1), 105–127. https://doi.org/10.1111/0022-4537.00154

Goleman, D. (1996). La inteligencia emocional.

Gottman, J. M. (1994). What Predicts Divorce? The Relationship Between Marital Processes and Marital Outcomes. Psychology Press. https://api.pageplace.de/preview/DT0400.9781317781646_A23925439/preview-9781317781646_A23925439.pdf

Rosenberg, M. B. (2013). Comunicación no violenta: el lenguaje de vida. Editorial Gran Aldea.