ABUSO SEXUAL INFANTIL

 

 

Por Clara Valverde Fernández-Montes  30/11/2021

 

 

Si no se ve… no existe

 

Bajo esta frase se han escondido a lo largo de la historia innumerables actos violentos hacia los menores. Tanto es así que, antiguamente, los infanticidios no estaban ni penados ni mal vistos. Lo que hoy en día se juzga como maltrato hacia los niños/as, años atrás eran simples formas de crianza (castigos físicos, abusos sexuales, explotación laboral, etc.)

Esta discriminación hacia los menores se ha sustentado en una ausencia de derechos legales del niño/a. Las creencias sociales y culturales unidas a los menores han provocado que se les vea como seres sin capacidades propias y dependientes de los adultos. Esta les ha quitado la posibilidad de defenderse y distanciarse de los que podían estar siendo sus agresores.

Una de las violencias que mayor impacto puede tener sobre el menor es el abuso sexual infantil.

Si bien es cierto que en la actualidad se ha luchado por la defensa de los derechos del menor creando leyes y penitencias para castigarlo, la realidad es que siguen existiendo numerosos casos de abuso sexual a menores.

 

Algunos datos….

 

En todo el mundo, una de cada cinco mujeres y uno de cada 10 hombres afirman haber sufrido abusos sexuales en su infancia. Estos niños y niñas tienen mayores probabilidades de verse implicados en otras formas de abuso en su vida futura.

En España, un 23% de niñas y un 15% de niños menores de 17 años, han sufrido un caso de abuso sexual, y de éstos, un 60% no han recibido nunca ningún tipo de ayuda.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2006) afirma que el impacto que el abuso sexual tiene en los niños explica aproximadamente un 6% de los casos de depresión, un 6% de los casos de abuso/dependencia del alcohol y las drogas, un 8% de los intentos de suicidio, un 10% de los casos de trastorno de pánico y un 27% de los casos de trastorno de estrés postraumático.

 

 

Definición y falsas creencias

 

Existen diferentes definiciones de abuso sexual infantil, una de las más completas es la proporcionada por el National Center of Child Abuse and Neglect, que dice así; “El abuso sexual infantil se da cuando existen contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando el adulto usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra persona. El abuso sexual pude ser cometido por una persona menor de 18 años, cuando esta es significativamente mayor que el niño o cuando el agresor está en una posición de poder o control sobre el menor.”

Pese a la creencia generalizada de que el abuso sexual debe conllevar actos físicos, la visualización de pornografía por parte del menor, la petición de tocamientos sobre su propio cuerpo o el exhibicionismo del agresor, son también distintas manifestaciones de abuso sexual.

Siguiendo con las ideas o mitos sobre el abuso sexual, es importante mencionar que el agresor no tiene por qué padecer ninguna patología o enfermedad mental, y en la gran mayoría de los casos suele ser una persona cercana y de confianza para el niño/a. Es esta cercanía la que le da acceso al menor.

Además, el abuso sexual infantil no se limita a un sector de la población más desfavorecido, sino que se trata de una problemática global. Por lo tanto, el nivel socioeconómico bajo no aumenta la probabilidad de abuso sexual infantil. No obstante, un estatus social alto sí dificulta la detección de esta problemática.

 

 

Factores de riesgo para la aparición de abuso sexual infantil

 

Cuando hablamos de factor de riesgo nos referimos a aquellas situaciones o elementos que aumentan la probabilidad de que un determinado fenómeno se produzca. En el caso del abuso sexual infantil, hay tres niveles donde recalcar distintos factores de riesgo: individual, familiar y social.

A nivel individual nos encontramos con la situación de la víctima y la del agresor.

 

Características de la víctima
  • La presencia de discapacidad en el menor. Los niños y niñas con algún tipo de discapacidad son más vulnerables a sufrir abusos sexuales. Esto se debe a que en múltiples ocasiones no tienen la capacidad suficiente para expresar lo sucedido a su entorno.
  • El sexo del menor configura otro factor de riesgo. Los datos demuestran que hay una mayor probabilidad de ser víctima de abusos sexuales si eres una niña que si eres un niño.
  • La falta de cuidados en casa. Los menores cuyos padres no pueden o no quieren hacerse cargo sus necesidades tienen un riesgo elevado de sufrir abusos.

 

Características del agresor
  • Provenir de familias donde se han vivido situaciones de violencia de género y donde los estereotipos machistas han influido en su historia de aprendizaje.
  • Haber sufrido maltrato físico, psicológico o sexual en la infancia
  • Consumo de pornografía infantil

 

A nivel familiar
  • El uso de violencia como forma de comunicación y alcance de objetivos.
  • Falta de comunicación entre progenitores y entre progenitores e hijos. Dificulta que si el menor comienza a sufrir algún tipo de abuso lo cuente a sus personas más cercanas. En algunas ocasiones porque no sabe comunicar, y en otras porque esta comunicación se ha castigo con anterioridad.
  • Distanciamiento emocional. Falta de responsabilidad y preocupación por parte de los progenitores. Esta situación puede provocar que el menor busque apoyo en su propio abusador.

 

A nivel social, son factores de riesgo sociales que están presentes en el entorno y favorecen el abuso sexual a menores
  • Falta de conciencia de los derechos del menor. Los menores son en gran medida dependientes de la persona que esté a su cargo. Por lo tanto, si esta persona es desconocedora de los derechos del menor, puede provocar situaciones potenciadoras del abuso sexual (dejar solo al menor con alguien que ha dicho que no quiere, no escuchar sus testimonios, etc.)
  • La cultura de la belleza. Hay ciertas características físicas que se sexualizan más que otras. Si algún menor las posee, es posible que aumente la probabilidad de que el agresor se focalice en él.
  • Costumbres culturales como el matrimonio temprano

 

 

Efectos y secuelas del abuso sexual

 

La vivencia de abuso sexual es una experiencia traumática. Como hemos visto en los datos sobre abusos sexuales, adultos que lo han sufrido durante su infancia suelen desarrollar trastornos mentales como la depresión, el estrés post-traumático, etc.

Los efectos del abuso pueden ser a corto (aparecen en los dos años posteriores al abuso) y largo plazo (llegando a afectar a la vida adulta de la víctima). Los efectos a largo plazo aparecen transcurridos los dos primeros años tras el suceso.

 

 

Estos efectos pueden verse en distintas áreas de la víctima:

 

  • Cognitivos: dificultades de aprendizaje (bajo rendimiento académico), problemas de atención, retraso del desarrollo, etc.
  • Físicos: dificultades para caminar o sentarse, dolores/picores /hemorragias/desgarros en el área anogenital, infecciones genitales, enfermedades de transmisión sexual, embarazos tempranos, etc.
  • Conductuales: el menor presenta conductas sexuales tales como masturbación compulsiva, conductas sexualizadas con otros niños, conocimientos sobre sexualidad que no son frecuentes a esa edad, negativa a ir con una determinada persona, cambios bruscos de conducta…

Un indicador clave al que prestar atención es al testimonio del menor. Si es el propio menor quién decide dar el paso y hablar hay que escucharlo y creerlo. En muchas ocasiones, debido a la reacción de dolor o incredulidad de los familiares el menor suele retractarse. Este hecho también suele ser un buen indicador de abuso.

  • Emocionales: Miedos constantes, ansiedad permanente, síntomas depresivos (apatía, desgana), baja autoestima, sentimientos de culpa, autolesiones, ideación suicida, etc.
  • Sociales: aislamiento social, abuso de otros menores, consumo de sustancias, desconfianza generalizada, etc.

 

 

¿Qué puedo hacer si una víctima me cuenta el suceso?

 

  1. Mantén la calma. Lo primero es escuchar el testimonio que te está contando sin que se sienta intimidado por preguntas o reacciones.
  2. Si no has entendido algo, puedes hacer preguntas sutiles para asegurarte de lo que el menor ha querido decir.

Nunca debes hacerlo en forma de presión “Pero ¿cómo te hizo eso concretamente?, cuéntamelo mejor que no te entiendo”, de esta manera podrías provocar que el menor se retractase y no quisiese volver a sacar el tema.

  1. Creer al niño en todo momento. No despiertes en él sentimientos de culpa o duda con preguntas como “¿Cómo has podido dejar que te hiciera eso?”, “¿Seguro que no te estás equivocando?”, “Es muy raro que el tío hiciera eso…”
  2. Devuélvele la confianza que ha depositado en ti agradeciéndole el esfuerzo de contarlo y asegurándole que ha hecho bien en hacerlo. Es importante que le expliques que tendrás que comunicarle lo sucedido a otras personas para poder ayudarle.
  3. Busca una atención especializada para proporcionar ayuda al menor y, en caso de que aún no se haya roto el vínculo con el abusador, actuar inmediatamente sobre ello.

 

BIBLIOGRAFÍA