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FOMO (Fear of Missing Out, o el miedo a perderse algo)

 

El peso de la comparación constante

 

 

 

 

 

 Cynthia Morillas Arauz

 

Cuando escuchamos hablar de «adicción a la tecnología», solemos imaginar a un adolescente pegado a una pantalla o a alguien incapaz de apartar la vista de sus redes sociales. Sin embargo, el impacto de la hiperconectividad en nuestra psicología es un fenómeno mucho más amplio y cotidiano de lo que habitualmente se piensa. La mayoría de las personas que experimentan FOMO (Fear of Missing Out, o miedo a perderse algo) no encajan con esa imagen extrema. De hecho, Przybylski et al. (2013) señalan que el FOMO no debe definirse únicamente por el uso de dispositivos. Sostienen que la tecnología no es el rasgo esencial del concepto, sino que se trata de una aprehensión generalizada de que los demás podrían estar disfrutando de experiencias gratificantes en las que uno no está presente. En esta misma línea, Elhai et al. (2016) apuntan que el acto de revisar constantemente el móvil no constituye el problema de origen, sino el mecanismo compulsivo con el que intentamos calmar la ansiedad social que genera la sensación de exclusión.

 

 

¿Qué es el FOMO?

 

El FOMO no se considera un trastorno de la personalidad ni una patología oficial, sino un conjunto de respuestas emocionales y cognitivas que pueden manifestarse con distinta intensidad. Aunque comparte algunos elementos con la ansiedad social y la dependencia, no deben confundirse.

Existen distintos modelos para explicar el FOMO, pero la investigación reciente coincide en que responde a una combinación de necesidades psicológicas insatisfechas y al deseo continuo de mantener bajo control lo que hacen los demás. Entre sus características principales destacan la inquietud ante la incertidumbre, la comparación constante y una persistente sensación de carencia personal (Przybylski et al., 2013; Deci y Ryan, 2000).

En esta misma línea, Buglass et al. (2017) añaden que suele observarse una reducción del bienestar subjetivo, junto con rasgos de fatiga mental y dificultades para regular la atención en el momento presente.

 

 

 

Dimensiones del FOMO

 

Aunque a menudo se aborda como un concepto unitario, diversos autores plantean una clasificación que distingue dos formas principales de manifestación. El FOMO interno (o personal) se asocia con una baja satisfacción vital, una autoestima frágil y una reactividad emocional que lleva a la persona a sentir que su propia vida resulta insuficiente. En contraste, el FOMO externo (o social) se relaciona más estrechamente con una marcada sensibilidad al rechazo grupal, el miedo a quedar fuera de las conversaciones y la presión impuesta por el entorno para estar permanentemente disponible. Estudios posteriores, como el de Alt (2015), han respaldado esta distinción, mostrando que ambas dimensiones contribuyen a comprender la diversidad con la que se expresan las inseguridades en un entorno hiperconectado.

 

 

Prevalencia

 

La prevalencia del FOMO en la población general ha crecido de forma sostenida, y las estimaciones coinciden en que se trata de un fenómeno mayoritario. Las revisiones recientes sitúan la cifra de afectación moderada o alta por encima del 50 % en jóvenes y adultos jóvenes, vinculando estrechamente estos rasgos con el tiempo de uso de las redes sociales (Fioravanti et al., 2021). Asimismo, se señala que ciertos entornos académicos o profesionales presentan una mayor incidencia de este malestar. En el ámbito universitario, por ejemplo, se observa un elevado nivel de estrés relacionado de forma directa con la ansiedad por no participar en eventos sociales (Adams et al., 2020). De modo similar, en contextos laborales altamente conectados, el temor a perder oportunidades profesionales da lugar a un FOMO corporativo significativo.

 

 

Patrones de comportamientos

 

Se han identificado diversos patrones de comportamiento frecuentes en personas con altos niveles de FOMO. En el ámbito interpersonal, suele observarse una forma de relacionarse caracterizada por la sobreprogramación —es decir, la aceptación excesiva de compromisos por miedo a ser excluidos— y por una supervisión constante de las interacciones grupales en plataformas digitales.

A nivel afectivo, Baker et al. (2016) describen que estas personas suelen manifestar un estado de ánimo más bajo, irritabilidad al perder el acceso a las redes y una capacidad limitada para disfrutar del presente sin pensar en lo que podrían estar haciendo en otro lugar.

En el plano conductual, son habituales la revisión compulsiva del teléfono, las interrupciones del descanso nocturno para consultar notificaciones y las dificultades de concentración a largo plazo (Elhai et al., 2018). Estos patrones reflejan dinámicas de actuación ampliamente documentadas por la investigación reciente.

Asimismo, el trabajo de Reagle (2015) muestra cómo la constante exposición a los «momentos destacados» de vidas ajenas condiciona la evaluación de los propios logros y relaciones. Dado que las redes sociales tienden a proyectar una imagen cuidadosamente editada, es frecuente comparar la vida cotidiana real con representaciones idealizadas, lo que favorece el desencanto emocional y el descontento personal.

 

 

Estructuras cerebrales

 

La investigación en neurociencia indica que ciertas áreas del cerebro responden de forma particular a la hiperestimulación social. Turel et al. (2018) señalan que el sistema de recompensa del cerebro, específicamente áreas como el cuerpo estriado, muestra una gran activación ante los estímulos sociales y las notificaciones, lo que podría estar relacionado con la dificultad para frenar el impulso de conectarse.

Por otro lado, indican que la corteza prefrontal, implicada en la toma de decisiones y el control de impulsos, en ocasiones resulta insuficiente para regular esta necesidad de validación y supervisión. Según los investigadores, esto explicaría por qué muchas personas sienten el impulso imperioso de consultar sus pantallas, aun siendo conscientes de que no es el momento adecuado.

 

 

 

Influencia ambiental

 

Aunque rasgos de personalidad como el neuroticismo pueden predisponer a experimentar mayor ansiedad, el entorno digital ejerce un papel determinante en su manifestación cotidiana. Las plataformas y redes sociales están diseñadas bajo principios de refuerzo intermitente que capturan la atención y promueven un retorno continuo. Como advierte Alter (2017), esto pone de manifiesto que el miedo a la exclusión no depende únicamente de las inseguridades individuales, sino también de una arquitectura digital concebida específicamente para retener al usuario.

Estas dinámicas surgen de la combinación entre una base biológica innata (somos seres sociales programados para pertenecer a un grupo y temer el ostracismo) y un entorno moderno que nos expone a las actividades del grupo las 24 horas del día.

 

 

Del FOMO al JOMO (el placer de perderse algo)

 

Teniendo en cuenta la interacción entre la psicología individual y el entorno, es importante recordar que la tecnología no determina de manera inevitable nuestro bienestar. De hecho, desde la psicología reciente se promueve el concepto de JOMO (Joy of Missing Out, o el placer de perderse algo), que describe la elección consciente de desconectar para encontrar satisfacción en el momento presente. Aranda y Baig (2018) explican que factores como la atención plena, la autocompasión y la capacidad para fijar límites saludables en el uso de dispositivos son fundamentales para la salud mental. En este sentido, la educación digital cobra un valor crucial: desarrollar una mayor consciencia sobre los propios hábitos tecnológicos actúa como un factor protector que ayuda a regular la ansiedad y previene alteraciones en el sueño o en el estado de ánimo.

 

 

 

Conclusiones

 

El FOMO constituye un fenómeno complejo y altamente representativo de la sociedad actual. La literatura científica evidencia que esta ansiedad no se reduce a un uso excesivo del teléfono móvil, sino que responde a necesidades humanas profundas de pertenencia y conexión en un contexto que amplifica la comparación irreal. Asimismo, se observa la confluencia de factores sociales y de diseño tecnológico, donde la exposición continua a logros ajenos condiciona la percepción de la propia vida. Frente a ello, existen estrategias efectivas para afrontar el día a día, transformando la inquietud por perderse algo en la tranquilidad de estar presentes, especialmente mediante el cultivo de vínculos auténticos y el establecimiento de límites saludables.

El impacto de las redes no es un destino fijo, sino un conjunto de influencias que pueden ser manejadas según la consciencia y el contexto de cada individuo.

 

 

 

 

 

Referencias

 

Adams, S. K., Williford, D. N., Vaccaro, A., Daly-Cano, M., y Newman, H. (2020). The young and the restless: Socializing trumps sleep, fear of missing out, and technological distractions in first-year college students. International Journal of Adolescence and Youth, 25(1), 725-738.

Alt, D. (2015). College students’ academic motivation, media engagement and fear of missing out. Computers in Human Behavior, 49, 111-119.

Alter, A. (2017). Irresistible: The rise of addictive technology and the business of keeping us hooked. Penguin Press.

Aranda, J. H., y Baig, S. (2018). Toward «JOMO»: The joy of missing out and the freedom of disconnecting. International Journal of Cyber Behavior, Psychology and Learning, 8(1), 1-12.

Baker, Z. G., Krieger, H., y LeRoy, A. S. (2016). Fear of missing out: Relationships with depression, mindfulness, and physical symptoms. Translational Issues in Psychological Science, 2(3), 275–282.

Buglass, S. L., Binder, J. F., Betts, L. R., y Underwood, J. D. (2017). Motivators of online vulnerability: The impact of social network site use and FOMO. Computers in Human Behavior, 66, 248-255.

Deci, E. L., y Ryan, R. M. (2000). The «what» and «why» of goal pursuits: Human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, 11(4), 227-268.

Elhai, J. D., Levine, J. C., Dvorak, R. D., y Hall, B. J. (2016). Fear of missing out, need for touch, anxiety and depression are related to problematic smartphone use. Computers in Human Behavior, 63, 509-516.

Fioravanti, G., Casale, S., Benucci, S. B., Prostamo, A., Fallani, A., Morandi, V., y Teo, C. (2021). Fear of missing out and social networking sites use and abuse: A meta-analysis. Computers in Human Behavior, 122, 106839.

Przybylski, A. K., Murayama, K., DeHaan, C. R., y Gladwell, V. (2013). Motivational, emotional, and behavioral correlates of fear of missing out. Computers in Human Behavior, 29(4), 1841-1848.

Turel, O., He, Q., Xue, G., Xiao, L., y Bechara, A. (2018). Examination of neural systems sub-serving Facebook «addiction». Psychological Medicine, 48(3), 431-438.