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Las relaciones parasociales:

 

la ilusión de intimidad en la era de las pantallas

 

 

 

Cynthia Morillas Arauz

 

Cuando se escucha la palabra «fanático» o se reflexiona sobre la admiración hacia una celebridad, suele evocarse la imagen de adolescentes en un concierto o de habitaciones repletas de carteles. Sin embargo, los vínculos unilaterales constituyen un fenómeno mucho más cotidiano, sutil y profundo de lo que habitualmente se asume. La mayoría de las personas que desarrollan conexiones sólidas con figuras públicas no encajan en el perfil de un acosador obsesivo. De hecho, Horton y Wohl (1956), quienes acuñaron el término, señalaron que esta interacción no debe definirse como una patología social. Argumentaron que la ilusión de intimidad recíproca no constituye un rasgo de desconexión con la realidad, sino una respuesta humana natural; así, personas con vidas sociales plenamente satisfactorias pueden experimentar un afecto genuino hacia alguien que desconoce su existencia. En esta misma línea, Giles (2002) destaca que sentir apego por una figura mediática no implica un déficit emocional, ya que el cerebro procesa a estas figuras de manera similar a como percibe a los conocidos en el entorno real.

 

 

¿Qué son las relaciones parasociales?

 

Una relación parasocial no se considera un trastorno de la personalidad ni un delirio, sino un vínculo psicológico unidireccional en el que un individuo invierte tiempo, energía y emociones en una figura mediática, mientras que ésta ignora por completo su existencia. Aunque comparte ciertos elementos con las relaciones sociales recíprocas, como el afecto o la lealtad, difiere sustancialmente de ellas debido a la ausencia de bidireccionalidad.

Existen diversos modelos teóricos para explicar este fenómeno; no obstante, la investigación reciente coincide en definirlo como una extensión de la cognición social aplicada a los medios de comunicación. Entre sus características principales destacan la sensación de familiaridad, la anticipación de los encuentros (como la espera de una nueva emisión o vídeo) y la empatía hacia la figura mediática.

Asimismo, Dibble et al. (2016) añaden una distinción fundamental entre la interacción parasocial (el proceso episódico que ocurre durante el consumo del contenido) y la relación parasocial (el vínculo duradero que persiste incluso cuando la pantalla está apagada).

 

 

Subtipos de vínculos parasociales

 

McCutcheon et al. (2002) propusieron una clasificación a través de su Escala de Actitud hacia las Celebridades, la cual diferencia tres niveles progresivos en la manifestación de este vínculo. El nivel entretenimiento-social se asocia con un interés moderado: el individuo sigue a la figura por diversión y la utiliza como tema de conversación en su círculo social. El nivel intenso-personal se vincula con sentimientos compulsivos y una empatía profunda, asumiendo como propios los éxitos o fracasos del personaje. Por último, el nivel limítrofe-patológico se manifiesta mediante creencias irrealistas, como la convicción de que existiría una relación de amistad profunda o amorosa si la celebridad le conociera en persona. Estudios posteriores han respaldado esta tipología, demostrando que la mayor parte de la población se sitúa exclusivamente en el primer nivel, empleando estos vínculos como herramientas inofensivas de entretenimiento y construcción de la identidad.

 

 

Prevalencia

 

Aunque la presencia de relaciones parasociales ha sido constante en la sociedad a través de figuras como presentadores de televisión, locutores de radio o personajes literarios, su prevalencia se ha incrementado notablemente en la última década. Las revisiones recientes atribuyen este aumento a la democratización de internet. Asimismo, diversos autores señalan que en entornos digitales específicos, como YouTube o Twitch, estos vínculos alcanzan una mayor intensidad. En el ámbito de las transmisiones en directo (streaming), se ha observado una capacidad sin precedentes para generar la ilusión de reciprocidad (Wulf et al., 2021). Factores como la lectura del chat en vivo, la mirada directa a la cámara y el uso de un lenguaje coloquial favorecen que los creadores de contenido sean percibidos con mayor frecuencia como «amigos cercanos» en comparación con los actores tradicionales.

 

 

Patrones de comportamiento

 

Se han identificado diversos patrones de comportamiento recurrentes en personas con vínculos parasociales consolidados. En la dimensión de la lealtad, suele observarse una defensa vehemente de la figura mediática ante críticas externas, así como una participación activa en enfrentamientos entre comunidades de seguidores en redes sociales (Tukachinsky et al., 2020).

En el plano afectivo, Eyal y Cohen (2006) describen el fenómeno de la «ruptura parasocial». Ante el fallecimiento, retiro o cambio drástico de conducta de la figura, el individuo experimenta un proceso de duelo comparable en términos psicológicos a la pérdida de una amistad real. Esto permite comprender por qué la cancelación de una producción mediática o la retirada de un influencer genera manifestaciones genuinas de tristeza en sus comunidades.

En el ámbito conductual, es frecuente encontrar comportamientos como el apoyo económico continuado (suscripciones, donaciones) y la adopción de valores, modismos o estilos de vida característicos de la persona admirada.

 

 

Estructuras cerebrales

 

La investigación en neurociencia y psicología evolucionista sugiere que el cerebro humano no ha desarrollado mecanismos para diferenciar plenamente entre una persona física y una imagen digitalizada en una pantalla. A través del «Principio de la Sabana», Kanazawa (2002) sostiene que las estructuras cognitivas encargadas del procesamiento social responden ante las figuras mediáticas emitiendo señales químicas equivalentes a las producidas en interacciones reales. Así, el sistema límbico reacciona de manera explícita y automática ante un rostro familiar, una sonrisa o el contacto visual.

Por otra parte, se ha documentado que la corteza prefrontal medial —implicada en el procesamiento de la identidad propia y de personas allegadas— muestra una activación significativa cuando los individuos piensan en sus personajes o celebridades preferidas (Bacha-Trams et al., 2017). Según los autores, este hallazgo explica la dificultad para evitar respuestas emocionales de afecto o rechazo intenso hacia personas que, desde una perspectiva racional, se reconocen como inaccesibles.

 

 

Influencia ambiental

 

Si bien la necesidad de pertenencia es inherente a la condición humana, el diseño de las plataformas digitales desempeñan un papel determinante en la aceleración de este fenómeno. La cultura de internet atenúa deliberadamente los límites entre las esferas pública y privada. La narrativa del blog (documentar la cotidiandad en entornos íntimos), la exposición de vulnerabilidad emocional y el uso de la apelación directa a la audiencia estructuran un marco de confidencialidad estratégica (Chen, 2016). Esto indica que la consolidación de esta intimidad percibida no responde únicamente a factores individuales de aislamiento, sino a modelos de comunicación que rentabilizan la monetización de la confianza y del afecto parasocial.

 

 

El lado positivo: refugio y comunidad

 

Atendiendo a la interacción entre la biología social y el entorno digital, conviene destacar que estas relaciones también desempeñan funciones psicológicas adaptativas. Diversos estudios respaldan su papel como amortiguadores emocionales. Derrick et al. (2008) señalan que la disponibilidad constante de estos vínculos —exentos de riesgo de rechazo o conflicto directo— resulta beneficiosa para personas con baja autoestima o en situaciones de aislamiento. De este modo, la relación parasocial actúa como un factor protector que facilita la regulación de la soledad, proporcionando predictibilidad y un sentido de pertenencia a comunidades más amplias (el fandom), donde es posible establecer relaciones sociales recíprocas basadas en intereses compartidos.

 

 

Conclusiones

Las relaciones parasociales constituyen un fenómeno complejo que evidencia la plasticidad adaptativa del cerebro ante el entorno mediático. La evidencia científica indica que desarrollar afecto por un creador de contenido o personaje no constituye un signo de patología, sino el resultado de un sistema neurobiológico orientado a la vinculación emocional frente a la exposición recurrente. Asimismo, intervienen factores del entorno digital que intensifican de forma sistemática la percepción de intimidad. No obstante, estos vínculos no son inherentemente disfuncionales; mantenidos en niveles adecuados, aportan soporte emocional, entretenimiento y cohesión comunitaria.

En suma, el vínculo parasocial no representa un sustituto deficitario de la interacción presencial, sino un recurso adaptativo para la búsqueda de bienestar en un entorno hiperconectado.

 

 

 

Referencias

Bacha-Trams, M., Alexandrov, Y. I., Sams, M., Osipova, D., y Jääskeläinen, I. P. (2017). A drama movie activates brains of holistic and analytical thinkers differentially. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 12(12), 1951-1961.

Chen, C. P. (2016). Forming digital self and parasocial relationships on YouTube. Journal of Consumer Culture, 16(1), 232-254.

Derrick, J. L., Gabriel, S., y Hugenberg, K. (2008). Social surrogacy: How favored television programs provide the experience of belonging. Journal of Experimental Social Psychology, 45(2), 352-362.

Dibble, J. L., Hartmann, T., y Rosaen, S. F. (2016). Parasocial interaction and parasocial relationship: Conceptual clarification and a critical assessment of measures. Human Communication Research, 42(1), 21-44.

Eyal, K., y Cohen, J. (2006). When good Friends say goodbye: A parasocial breakup study. Journal of Broadcasting & Electronic Media, 50(3), 502-523.

Giles, D. C. (2002). Parasocial interaction: A review of the literature and a model for future research. Media Psychology, 4(3), 279-305.

Horton, D., y Wohl, R. R. (1956). Mass communication and para-social interaction: Observations on intimacy at a distance. Psychiatry, 19(3), 215-229.

Kanazawa, S. (2002). Bowling with our imaginary friends. Evolution and Human Behavior, 23(3), 167-171.

McCutcheon, L. E., Lange, R., y Houran, J. (2002). Conceptualization and measurement of celebrity worship. British Journal of Psychology, 93(1), 67-87.

Tukachinsky, R., Walter, N., y Saucier, C. J. (2020). Antecedents and effects of parasocial relationships: A meta-analysis. Journal of Communication, 70(6), 868-894.

Wulf, T., Schneider, F. M., y Beckert, S. (2021). Watching players: An exploration of media enjoyment on Twitch. Games and Culture, 16(3), 348-364.