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El rendimiento deportivo:

 

cuando la obsesión por el control mental

 

sabotea nuestra mejor versión

 

 

 

 

Cynthia Morillas Arauz

 

En el deporte de alta competición, los atletas dedican innumerables horas a perfeccionar su técnica, táctica y condición física, buscando optimizar su rendimiento. Sin embargo, en el escenario competitivo, el aspecto mental suele convertirse en un factor determinante y volátil. Durante décadas, se ha difundido la noción de que el éxito requiere no sólo una adecuada preparación física, sino también una «mente de hierro»: un estado de absoluta confianza, exento de dudas, ansiedad o pensamientos negativos. Ante esta exigencia, la respuesta habitual de muchos deportistas es la supresión: intentar bloquear la ansiedad, forzar un pensamiento positivo y perseguir de forma rígida el estado de «flujo» o «estar en la zona». De este modo, se ha perpetuado el mito de la mente invulnerable, concebida como una estructura donde la ausencia de miedo garantizaría el triunfo. Al asociar el malestar interno con el fracaso, resulta comprensible buscar el control emocional absoluto. No obstante, la alta competición se fundamenta de manera inevitable en la incertidumbre, la presión y el riesgo. Al luchar contra la propia ansiedad y evitar la incomodidad inherente al rendimiento bajo estrés, el deportista corre el riesgo de desconectarse de la tarea presente. Surge entonces una cuestión fundamental:

 

¿No estaremos saboteando nuestro propio rendimiento al exigirnos una mente «perfecta» y libre de dudas?

 

En el presente artículo se analiza cómo la tendencia a controlar y suprimir la ansiedad precompetitiva puede interferir negativamente en el rendimiento. Asimismo, se examina cómo la psicología del deporte contemporánea aporta herramientas orientadas a maximizar la ejecución, integrando la vulnerabilidad y la incomodidad mental inevitables para favorecer un rendimiento deportivo óptimo.

 

 

¿QUÉ ES LA ANSIEDAD COMPETITIVA Y EL PARADIGMA DEL CONTROL?

 

La ansiedad competitiva constituye una respuesta psicofisiológica natural ante situaciones inciertas y de elevada relevancia personal. Tradicionalmente, la psicología del deporte clásica se ha fundamentado en el Entrenamiento en Habilidades Psicológicas (PST, por sus siglas en inglés), orientando sus intervenciones a la modificación o control de los estados internos (por ejemplo, mediante la reestructuración cognitiva o la inducción de relajación). Sin embargo, la investigación neurocognitiva contemporánea demuestra que, bajo presión, el cerebro está evolutivamente orientado a la detección de amenazas. Cuando un deportista afronta un momento decisivo, su cerebro genera de forma natural pensamientos como «no puedes fallar» o «perder sería insostenible». Pretender que el sistema nervioso inhiba dichas señales bajo estrés resulta un objetivo antinatural y cognitivamente agotador. En consecuencia, la mente deja de actuar como un centro de focalización atencional para convertirse en un campo de batalla interno.

 

 

¿POR QUÉ LUCHAMOS CONTRA NUESTROS PENSAMIENTOS?

 

Experimentar dudas, temor al fracaso o tensión muscular antes de competir no constituye un signo de debilidad ni de falta de preparación, sino un indicador de que el evento posee un alto valor personal. Sin embargo, de forma habitual se tiende a catalogar estos síntomas como respuestas disfuncionales.

A nivel conductual, la supresión de la ansiedad o la repetición de afirmaciones tranquilizadoras (como «todo saldrá bien») opera como una estrategia de evitación experiencial. Aunque el miedo al fallo genera un malestar agudo, el alivio momentáneo obtenido al forzar una aparente calma refuerza negativamente dicho comportamiento. Este mecanismo consolida el hábito de control y perpetúa la creencia errónea de que la calma y la seguridad absolutas son requisitos indispensables para la ejecución, condicionando el rendimiento a un estado afectivo volátil.

 

 

¿POR QUÉ ES UN PROBLEMA REFUGIARSE EN EL CONTROL EMOCIONAL?

 

Aunque la búsqueda de control mental puede ofrecer una sensación efímera de seguridad, la evidencia científica documenta el fenómeno conocido como la «paradoja del control irónico». Investigaciones en psicología cognitiva señalan que intentar inhibir un pensamiento en condiciones de estrés incrementa su frecuencia e intensidad (Wegner, 1994). Asimismo, la ejecución deportiva óptima requiere dirigir la atención hacia claves situacionales externas (como el balón, el rival o la trayectoria). Cuando la regulación emocional absorbe la prioridad atencional, los recursos cognitivos se agotan y la energía requerida para la ejecución se destina a gestionar el diálogo interno. Este sobreanálisis constituye una de las causas principales del colapso bajo presión o choking, proceso en el que los atletas pierden la automatización de sus patrones motores (Gardner & Moore, 2007).

 

Para ilustrar esta dinámica, considérese el caso de una tenista a punto de servir para ganar un partido. Al percibir opresión abdominal y el pensamiento intrusivo «cometeré una doble falta», intenta suprimir activamente dicha idea («no debo pensar en eso, debo relajarme y concentrarme»). Como consecuencia, el foco atencional se desplaza de la pelota hacia su diálogo interno. El esfuerzo por relajarse incrementa la tensión muscular y altera la mecánica del saque, desencadenando un error no forzado que materializa el resultado que se intentaba evitar mediante el control rígido.

 

 

¿CÓMO PUEDE AYUDARNOS LA TERAPIA DE ACEPTACIÓN Y COMPROMISO (ACT)?

 

Cuando el control emocional exhaustivo interfiere en el rendimiento, la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) aplicada al deporte —a través del protocolo MAC (Mindfulness-Acceptance-Commitment)— ofrece una alternativa fundamentada empíricamente. Este modelo postula que la excelencia en la ejecución no requiere un estado interno perfecto, sino la capacidad de actuar con propósito incluso en presencia de incomodidad (Gardner & Moore, 2007). Para ello, se intervienen cuatro procesos fundamentales:

 

  • Aceptación: dar espacio a las sensaciones fisiológicas de activación, a la tensión y al temor a perder. Implica cesar la lucha contra la ansiedad precompetitiva y asumir que el rendimiento óptimo en situaciones exigentes requiere tolerar la incomodidad inherente al estrés.
  • Defusión cognitiva: aprender a distanciarse de pensamientos como «hoy no rendiré bien» o «voy a fallar», reconociéndolos como eventos mentales producidos por el cerebro bajo presión y no como realidades determinantes. Consiste en pasar de la identificación con la idea («soy incapaz») a la observación consciente («noto que mi mente genera el pensamiento de que fallaré»).
  • Contacto con el momento presente: orientar la atención hacia la tarea y las claves sensoriales del entorno inmediato. En lugar de analizar el estado motivacional o emocional interno, se fomenta la focalización en estímulos relevantes como la textura del equipamiento, la trayectoria del móvil o el ritmo respiratorio.
  • Acción comprometida hacia los valores: definir la identidad deportiva deseada (por ejemplo, mantener la tenacidad o la determinación) y llevar a cabo las acciones técnicas requeridas en el momento presente. Implica ejecutar el plan de juego a pesar del malestar, priorizando los objetivos de rendimiento a largo plazo sobre la búsqueda de tranquilidad inmediata.

 

 

CONCLUSIÓN

La preparación psicológica constituye un pilar esencial en el deporte de alto rendimiento. Sin embargo, la noción de que es necesario alcanzar un estado de ecuanimidad o control absoluto antes de competir no debe sustituir la capacidad de tolerar la presión y ejecutar destrezas motoras bajo estados emocionales intensos.

Las intervenciones basadas en la aceptación sostienen que la fortaleza deportiva no radica en la ausencia de miedo, sino en la decisión de actuar de manera eficaz a pesar de él. Competir al máximo nivel no exige una mente libre de dudas, sino una relación funcional con los propios eventos internos que permita canalizar el esfuerzo hacia una ejecución comprometida y rigurosa.

 

 

REFERENCIAS

Birrer, D., Röthlin, P., & Morgan, G. (2012). Mindfulness to enhance athletic performance: Theoretical considerations and possible impact mechanisms. Mindfulness, 3(3), 235-246.

Gardner, F. L., & Moore, Z. E. (2007). The psychology of enhancing human performance: The Mindfulness-Acceptance-Commitment (MAC) approach. Springer Publishing Company.

Hayes, S. C. (2013). Sal de tu mente, entra en tu vida. Desclée de Brouwer.

Wegner, D. M. (1994). Ironic processes of mental control. Psychological Review, 101(1), 34-52.