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El “Ghosting”: la epidemia del abandono

 

en la era de las relaciones líquidas

 

 

 

Cynthia Morillas Arauz

 

Cuando escuchamos el término «ghosting», solemos asociarlo con el ámbito de las aplicaciones de citas o las relaciones efímeras en la adolescencia. Sin embargo, este fenómeno de desaparición paulatina o repentina constituye una dinámica relacional más profunda y dolorosa de lo que aparenta. Quienes practican el ghosting no siempre responden al perfil de personas despiadadas o manipuladoras calculadoras. De hecho, LeFebvre et al. (2019) señalan que no debe catalogarse únicamente como un problema tecnológico o derivado de las redes sociales. La tecnología actúa simplemente como el canal, no como el factor determinante, existiendo individuos con elevadas habilidades sociales que recurren a esta estrategia para eludir situaciones incómodas. En esta misma línea, Freedman et al. (2019) sostienen que finalizar una relación sin ofrecer explicaciones no obedece necesariamente a una intención de infligir daño, sino que suele ser reflejo de una acusada carencia de competencias para afrontar el conflicto y gestionar la ruptura.

 

 

 ¿Qué es el Ghosting?

 

El ghosting no se considera una patología ni un trastorno psicológico como tal, sino una estrategia unilateral de disolución relacional. Aunque comparte algunos elementos con el rechazo tradicional o la evitación, no son lo mismo, ya que su característica principal es la ambigüedad y el cese total y repentino de la comunicación.

Existen distintos modelos para explicar este comportamiento, pero la investigación coincide en que se trata de una forma moderna de ostracismo (ignorar y excluir a alguien). Entre sus características destacan el silencio repentino, la falta de cierre y la incapacidad de la víctima para obtener respuestas (Williams, 2009).

En esta misma línea, Pancani et al. (2021) añaden que suele observarse un impacto psicológico dual: en quien lo sufre genera una intensa incertidumbre y rumiación cognitiva, y en quien lo ejerce fomenta un patrón de huida sistemática ante la adversidad interpersonal.

 

 

Subtipos de abandono digital

 

Aunque el ghosting es el término más conocido, Navarro et al. (2020) plantean una clasificación que diferencia formas en las que se manifiesta esta evitación. El ghosting tradicional se asocia con un corte abrupto y total de la comunicación, bloqueando a la persona o ignorando sus mensajes definitivamente. En contraste, el breadcrumbing (ir dejando migajas) suele relacionarse con dar señales de atención intermitentes y superficiales para mantener al otro «enganchado», pero sin intención de compromiso real. Por otro lado, existe el orbiting, donde la persona deja de hablar y responder directamente, pero sigue consumiendo el contenido digital de la víctima (viendo sus historias o dando «me gusta»). Estudios han respaldado esta distinción, mostrando que estas variables ayudan a comprender la diversidad en la forma en que se expresa la falta de responsabilidad afectiva y cómo la ambigüedad alarga el sufrimiento de quien espera una respuesta.

 

 

Prevalencia

 

La prevalencia del ghosting en la sociedad actual ha crecido a un ritmo alarmante, normalizándose como una forma válida de terminar vínculos. Las revisiones recientes sitúan la cifra en torno al 60 % o 70 % en jóvenes y adultos jóvenes, quienes afirman haberlo sufrido, haberlo ejercido, o ambas cosas (Timmermans et al., 2021). Algunos autores también apuntan a que ya no es exclusivo del ámbito romántico. En el entorno de las amistades, se ha observado una gran presencia de distanciamientos no verbalizados. De forma similar, en el ámbito laboral, el ghosting corporativo(candidatos que desaparecen en medio de un proceso de selección o empresas que nunca responden tras una entrevista final) aparece con mucha más frecuencia, reflejando una pérdida generalizada de formalidad.

 

 

Patrones de comportamientos

 

Se han identificado varios patrones de comportamiento que aparecen con frecuencia tanto en quienes ejercen el ghostingcomo en quienes lo sufren. En el plano de quien desaparece, suele aparecer una forma de relacionarse marcada por un estilo de apego evitativo, priorizando la propia comodidad emocional y percibiendo las conversaciones difíciles como amenazas insoportables (Bartholomew y Horowitz, 1991).

A nivel afectivo, las personas que sufren el abandono suelen mostrar un estado inicial de shock, seguido de ansiedad y una búsqueda obsesiva de los motivos del rechazo. En la misma línea, esto ayuda a entender por qué el ghosting daña tanto la autoestima: ante la ausencia de una explicación, el cerebro de la víctima asume la culpa, convenciéndose de que «hizo algo mal» o «no era suficiente».

En el ámbito conductual, la víctima puede desarrollar mecanismos de hipervigilancia, miedo al compromiso en relaciones futuras y dificultades para volver a confiar plenamente en los demás (LeFebvre, 2017).

 

 

 Estructuras cerebrales

 

La investigación en neurociencia indica que el cerebro no distingue claramente entre un hueso roto y un corazón roto por exclusión social. Eisenberger et al. (2003) señalan que la corteza cingulada anterior dorsal (dACC) y la ínsula anterior, regiones fundamentales para procesar el dolor físico, muestran una intensa activación cuando una persona experimenta ostracismo o es ignorada socialmente. Esto significa que el «dolor social» es una experiencia biológica real y cuantificable.

Por otro lado, apuntan que la incertidumbre que genera el no saber por qué el otro se ha ido mantiene la amígdala (centro de alerta) hiperactivada. Según los investigadores, esto podría explicar por qué a las personas les cuesta tanto procesar este tipo de duelo: el cerebro no puede cerrar el ciclo emocional porque falta la información de clausura, manteniendo a la persona en un estado de estrés fisiológico prolongado.

 

 

Influencia ambiental

 

Aunque la evitación de conflictos es un rasgo humano antiguo, el ambiente tecnológico moderno influye de forma crítica en la explosión de este fenómeno. Bauman (2003) ya hablaba del «amor líquido» para referirse a la fragilidad de los vínculos modernos. Las aplicaciones de citas y redes sociales están diseñadas bajo la premisa de la abundancia infinita. Según los expertos, este entorno digital deshumaniza parcialmente a las personas, reduciéndolas a perfiles descartables con un solo toque de pantalla. Esto indica que la forma en que se manifiesta el ghosting no depende solo del miedo individual al conflicto, sino de una cultura de consumo rápido que ha abaratado el coste social de abandonar a alguien. Si no hay amigos en común ni consecuencias en el entorno físico, desaparecer se convierte en el camino de menor resistencia.

 

 

 Responsabilidad afectiva

 

Después de tener en cuenta esta interacción entre la biología del rechazo y el entorno digital, es vital recordar que existen alternativas saludables para disolver vínculos. En la psicología actual se hace hincapié en la responsabilidad afectiva, es decir, la conciencia de que nuestras acciones tienen un impacto emocional en el otro, independientemente del nivel de compromiso. Entender que dar una explicación breve, educada y clara («he dejado de sentir conexión», «no estoy en un buen momento para seguir conociéndonos») no es un castigo, sino un acto de respeto básico. En este sentido, fomentar la comunicación asertiva funciona como un factor protector que ayuda a regular la angustia del rechazo, permitiendo a ambas partes procesar el fin de la relación de manera sana y adulta.

 

 

Conclusiones

El ghosting es un fenómeno que ilustra perfectamente los retos de la comunicación en la era moderna. La investigación muestra que esta práctica no implica simplemente «falta de interés», sino que es un mecanismo de evitación que genera un profundo dolor social, comparable al dolor físico a nivel neuronal. También se ha visto que intervienen factores como el apego evitativo y un entorno digital que facilita el anonimato y la desconexión sin consecuencias. Sin embargo, no tenemos que resignarnos a que esta sea la norma. Reivindicar la empatía, asumir la incomodidad de decir adiós y practicar la responsabilidad afectiva son pasos esenciales para humanizar nuestras relaciones.

El valor de una persona no se mide por la incapacidad de otra para despedirse; comprender esto es el primer paso para superar el silencio y construir vínculos más seguros.

 

 

 

Referencias

Bartholomew, K., y Horowitz, L. M. (1991). Attachment styles among young adults: a test of a four-category model. Journal of Personality and Social Psychology, 61(2), 226–244.

Bauman, Z. (2003). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica.

Eisenberger, N. I., Lieberman, M. D., y Williams, K. D. (2003). Does rejection hurt? An fMRI study of social exclusion. Science, 302(5643), 290-292. https://doi.org/10.1126/science.1089134

Freedman, G., Powell, D. N., Le, B., y Williams, K. D. (2019). Ghosting and destiny: Implicit theories of relationships predict beliefs about ghosting. Journal of Social and Personal Relationships, 36(3), 905-924.

LeFebvre, L. E. (2017). Phantom lovers: Ghosting as a relationship dissolution strategy in the technological age. En The impact of social media in modern romantic relationships (pp. 219-235). Lexington Books.

LeFebvre, L. E., Allen, M., Rasner, R. D., Garstad, S., Wilms, A., y Parrish, C. (2019). Ghosting in emerging adults’ romantic relationships: The digital dissolution disappearance strategy. Imagination, Cognition and Personality, 39(2), 125-150.

Navarro, R., Larrañaga, E., Yubero, S., y Víllora, B. (2020). Psychological correlates of ghosting and breadcrumbing experiences: A preliminary study among adults. International Journal of Environmental Research and Public Health, 17(3), 1116.

Pancani, L., Mazzoni, D., Aureli, N., y Riva, P. (2021). Ghosting and orbiting: An analysis of victims’ experiences. Journal of Social and Personal Relationships, 38(7), 1987-2007.

Timmermans, E., Hermans, A. M., y Opree, S. J. (2021). Gone with the wind: Exploring dating app users’ reasons for ghosting. Journal of Social and Personal Relationships, 38(3), 783-806.

Williams, K. D. (2009). Ostracism: A temporal need-threat model. En Advances in Experimental Social Psychology (Vol. 41, pp. 275-314). Academic Press.